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Foto: Humedales del río Gambia · Gambia

1 Macabeos 6

Humedales del río Gambia · Gambia · Foto: Jurgen from Netherlands · CC BY 2.0

1Yendo el rey Antioco recorriendo las provincias superiores, oyó que habia en Persia una ciudad llamada Elymaida, muy célebre y abundante de plata y oro,

2con un templo riquísimo, donde habia velos con mucho oro, y corazas, y escudos que habia dejado alli Alejandro, hijo de Filipo Rey de Macedonia, el que reinó primero en toda la Grecia.

3Y fué allá con el fin de apoderarse de la ciudad, y saquearla; pero no pudo salir con su intento, porque llegando á entender su designio los habitantes,

4salieron á pelear contra él, y tuvo que huir, y se retiró con gran pesar, volviéndose á Babilonia.

5Y estando en Persia, llególe la noticia de que habia sido destrozado el ejército que se hallaba en el pais de Judá,

6y que habiendo pasado allá Lysias con grandes fuerzas, fué derrotado por los judíos, los cuales se hacian mas poderosos con las armas, municiones y despojos tomados al ejército destruido;

7y de como habian igualmente ellos derrocado la abominacion, ó ídolo erigido por él sobre el altar de Jerusalem, y cercado asimismo el Santuario con altos muros, segun estaba ántes, y tambien á Bethsura, su ciudad.

8Oido que hubo el Rey tales noticias, quedó pasmado y lleno de turbacion, y púsose en cama, y enfermó de melancolia, viendo que no le habian salido las cosas como él se habia imaginado.

9Permaneció asi en aquel lugar por muchos dias; porque iba aumentándose su tristeza, de suerte que consintió en que se moria.

10Con esto llamó á todos sus amigos, y les dijo: El sueño ha huido de mis ojos; mi corazon se ve abatido y oprimido de pesares;

11y digo allá dentro de mí: ¡A qué estrema afliccion me veo reducido, y en qué abismo de tristeza me hallo, yo que estaba ántes tan contento y querido, gozando de mi regia dignidad!

12Mas ahora se me presentan á la memoria los males que causé en Jerusalem, de donde me traje todos los despojos de oro y plata que alli cogí, y el que sin motivo alguno envié á esterminar los moradores de la Judéa.

13Yo reconozco ahora que por eso han llovido sobre mí tales desastres: y ved aqui que muero de profunda melancolía en tierra estraña.

14Llamó despues á Filipo, uno de sus confidentes, y le nombró Regente de todo su reino;

15y entrególe la diadema, el manto Real y el anillo, á fin de que fuese á encargarse de su hijo Antioco, y le educase para ocupar el trono.

16Y murió alli el rey Antíoco, el año ciento cuarenta y nueve.

17Al saber Lysias la muerte del Rey, proclamó á Antíoco, su hijo, á quien él habia criado desde niño; y le puso el nombre de Eupator.

18Entre tanto los que ocupaban el alcázar de Jerusalen tenian encerrado á Israel en los alrededores del Santuario; y procuraban siempre causarle daño, y acrecentar el partido de los gentiles.

19Resolvió pues Judas destruirlos, y convocó á todo el pueblo para ir á sitiarlos.

20Reunida la gente comenzaron el sitio el año ciento y cincuenta, y construyeron ballestas para arrojar piedras, y otras máquinas de guerra.

21Y salieron fuera algunos de los sitiados, á los que se agregaron varios otros de los impios del pueblo de Israel.

22Y se fueron al Rey, y le dijeron: ¿Cuándo, finalmente, harás tú justicia, y vengarás á nuestros hermanos?

23Nosotros nos resolvimos á servir á tu padre, y obedecerle, y observar sus leyes:

24y por esta causa nos tomaron aversion los de nuestro mismo pueblo, han dado muerte á todo el que han encontrado de nosotros, y han robado nuestros bienes;

25y no tan solo han ejercido su violencia contra nosotros, sino tambien por todo nuestro pais.

26Y hé aqui que ahora han puesto sitio al alcázar de Jerusalem para apoderarse de él, y han fortificado á Bethsura.

27Y si tú no acudes luego, harán aun cosas mayores que estas, y no podrás tenerlos á raya.

28Irritóse el Rey al oir esto, é hizo llamar á todos sus amigos, y á los principales oficiales de su ejército, y á los comandantes de la caballeria.

29Llegáronle tambien tropas asalariadas de otros reinos, y de las islas ó paises de ultramar.

30de suerte que juntó un ejército de cien mil infantes con veinte mil hombres de caballeria, y treinta y dos elefantes adiestrados para el combate.

31Y entrando estas tropas por la Iduméa, vinieron á poner sitio á Bethsura, y la combatieron por espacio de muchos dias, é hicieron varias máquinas de guerra; pero habiendo hecho una salida los sitiados, las quemaron, y pelearon valerosamente.

32A este tiempo levantó Judas el sitio del alcázar de Jerusalem, y dirigió sus tropas hácia Bethzacara, frente del campamento del Rey.

33Levantóse el Rey ántes de amanecer, é hizo marchar apresuradamente su ejército por el camino de Bethzacara. Preparáronse para el combate ambos ejércitos, y dieron la señal con las trompetas:

34mostraron á los elefantes vino tinto y zumo de moras, á fin de incitarlos á la batalla;

35y distribuyeron estos animales por las legiones, poniendo al rededor de cada elefante mil hombres armados de cotas de malla y morriones de bronce, y ademas quinientos hombres escogidos de caballería cerca de cada elefante.

36Hallábanse estas tropas anticipadamente en donde quiera que estaba el elefante, é iban donde él iba, sin apartarse de él nunca.

37Sobre cada una de estas bestias habia una fuerte torre de madera, que les servia de defensa, y sobre la torre máquinas de guerra; yendo en cada torre treinta y dos hombres esforzados, los cuales peleaban desde ella, y ademas un indio que gobernaba la bestia.

38Y el resto de la caballería, dividido en dos trozos, le colocó en los flancos del ejército para escitarle con el sonido de las trompetas, y tener asi encerradas las filas de sus legiones.

39Asi que salió el sol é hirió con sus rayos los broqueles de oro y de bronce, reflejaron estos la luz en los montes, resplandeciendo como antorchas encendidas.

40Y la una parte del ejército del Rey caminaba por lo alto de los montes, y la otra por los lugares bajos, é iban avanzando con precaucion y en buen órden.

41Y todos los moradores del pais estaban asombrados á las voces de aquella muchedumbre, y al movimiento de tanta gente, y al estruendo de sus armas: pues era grandísimo y muy poderoso aquel ejército.

42Y adelantóse Judas con sus tropas para dar la batalla, y murieron del ejército del Rey seiscientos hombres.

43Y Eleazár, hijo de Saura, observó un elefante que iba enjaezado con una regia cota de malla, y que era mas alto que todos los demas; y juzgó que iria encima de él el Rey.

44E hizo el sacrificio de sí mismo por libertar á su pueblo, y grangearse un nombre eterno.

45Corrió pues animosamente hácia el elefante por en medio de la legion, matando á diestro y siniestro, y atropellando á cuantos se le ponian delante;

46y fué á meterse debajo del vientre del elefante, y le mató: pero cayendo la bestia encima de él, le dejó muerto.

47Mas los judíos viendo las fuerzas é impetuosidad del ejército del Rey, hicieron una retirada.

48Entónces las tropas del Rey fueron contra ellos por el camino de Jerusalem, y llegando á la Judéa acamparon junto al monte de Sion.

49El Rey hizo un tratado con los que estaban en Bethsura; los cuales salieron de la ciudad, porque estando sitiados dentro de ella no tenian víveres de repuesto, por ser aquel año sabático, ó de descanso, para los campos.

50De esta suerte el Rey se apoderó de Bethsura, dejando en ella una guarnicion para su custodia.

51Asentó despues sus reales cerca del Lugar santo, donde permaneció muchos dias, preparando alli ballestas y otros ingenios para lanzar fuegos, y máquinas para arrojar piedras y dardos, é instrumentos para tirar saetas, y ademas de eso hondas.

52Los sitiados hicieron tambien máquinas contra las de los enemigos, y defendiéronse por muchos dias.

53Faltaban empero víveres en la ciudad, por ser el año séptimo ó sabático, y porque los gentiles que habian quedado en Judéa habian consumido todos los repuestos.

54Con eso quedó poca gente para la defensa de los Lugares santos; porque los soldados se hallaron acosados de la hambre, y se desparramaron, yéndose cada cual á su lugar.

55En esto llegó á entender Lysias que Filipo (á quien el Rey Antíoco, estando aun en vida, habia encargado la educacion de su hijo Antíoco para que ocupase el trono)

56habia vuelto de Persia y de la Media con el ejército que habia ido con él, y que buscaba medios para apoderarse del gobierno del reino.

57Por tanto se apresuró á volver, y dijo al Rey y á los generales del ejército: Nos vamos consumiendo de dia en dia: tenemos pocos víveres: la plaza que tenemos sitiada está bien pertrechada; y lo que nos urge es arreglar los negocios del reino.

58Ahora pues compongámonos con estas gentes, y hagamos la paz con ellas, y con toda su nacion;

59y dejémosles que vivan como ántes segun sus leyes: pues por amor de sus leyes, que hemos despreciado nosotros, se han encendido en cólera, y hecho todas estas cosas.

60Pareció bien al Rey y á sus príncipes esta proposicion; y envió á hacer la paz con los judíos, los cuales la aceptaron.

61Confirmáronla con juramento el Rey y los príncipes; y salieron de la fortaleza los que la defendian.

62Y entró el Rey en el monte de Sion, y observó las fortificaciones que en él habia; pero violó luego el juramento hecho, mandando derribar el muro que habia al rededor.

63Partió despues de alli á toda priesa, y se volvió á Antioquía, donde halló que Filipo se habia hecho dueño de la ciudad: mas habiendo peleado contra él, la recobró.

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