El Padre nuestro, Salmos y otras oraciones de la Biblia para orar con sus mismas palabras.
Padre nuestro
9Vosotros pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11Danos hoy nuestro pan cotidiano. 12Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos á nuestros deudores. 13Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.
1Salmo de David. Jehová es mi pastor; nada me faltará. 2En lugares de delicados pastos me hará yacer: junto á aguas de reposo me pastoreará. 3Confortará mi alma; guiaráme por sendas de justicia por amor de su nombre. 4Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento. 5Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando. 6Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa de Jehová moraré por largos días.
1Al Músico principal: Salmo de David, cuando después que entró á Bathsebah, vino á él Nathán el profeta. TEN piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. 2Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. 3Porque yo reconozco mis rebeliones; y mi pecado está siempre delante de mí. 4A ti, á ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: porque seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. 5He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. 6He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. 7Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve. 8Hazme oir gozo y alegría; y se recrearán los huesos que has abatido. 9Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. 10Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí. 11No me eches de delante de ti; y no quites de mí tu santo espíritu. 12Vuélveme el gozo de tu salud; y el espíritu libre me sustente.
1Cántico gradual. Alzaré mis ojos á los montes, de donde vendrá mi socorro. 2Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. 3No dará tu pie al resbaladero; ni se dormirá el que te guarda. 4He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda á Israel. 5Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra á tu mano derecha. 6El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. 7Jehová te guardará de todo mal: él guardará tu alma. 8Jehová guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre.
1Al Músico principal: Salmo de David. Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. 2Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos. 3Mi senda y mi acostarme has rodeado, y estás impuesto en todos mis caminos. 4Pues aun no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. 5Detrás y delante me guarneciste, y sobre mí pusiste tu mano. 6Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad; alta es, no puedo comprenderla. 7¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿y adónde huiré de tu presencia? 8Si subiere á los cielos, allí estás tú: y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás. 9Si tomare las alas del alba, y habitare en el extremo de la mar, 10Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. 11Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá tocante á mí. 12Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día: lo mismo te son las tinieblas que la luz.
1Salmo de David. Bendice, alma mía, á Jehová; y bendigan todas mis entrañas su santo nombre. 2Bendice, alma mía á Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. 3El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; 4El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; 5El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.
1El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. 2Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré. 3Y él te librará del lazo del cazador: de la peste destruidora. 4Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y adarga es su verdad. 5No tendrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día; 6Ni de pestilencia que ande en oscuridad, ni de mortandad que en medio del día destruya.
1Salmo de David, estando en el desierto de Judá. Dios, Dios mío eres tú: levantaréme á ti de mañana: mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, en tierra de sequedad y transida sin aguas; 2Para ver tu fortaleza y tu gloria, así como te he mirado en el santuario. 3Porque mejor es tu misericordia que la vida: mis labios te alabarán. 4Así te bendeciré en mi vida: en tu nombre alzaré mis manos.
24Jehová te bendiga, y te guarde: 25Haga resplandecer Jehová su rostro sobre ti, y haya de ti misericordia: 26Jehová alce á ti su rostro, y ponga en ti paz.
1Y Anna oró y dijo: mi corazón se regocija en Jehová, mi cuerno es ensalzado en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salud. 2No hay santo como Jehová: porque no hay ninguno fuera de ti; y no hay refugio como el Dios nuestro. 3No multipliquéis hablando grandezas, altanerías; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; porque el Dios de todo saber es Jehová, y á él toca el pesar las acciones. 4Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los flacos se ciñeron de fortaleza. 5Los hartos se alquilaron por pan: y cesaron los hambrientos: hasta parir siete la estéril, y la que tenía muchos hijos enfermó. 6Jehová mata, y él da vida: él hace descender al sepulcro, y hace subir. 7Jehová empobrece, y él enriquece: abate, y ensalza. 8El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso ensalza del estiércol, para asentarlo con los príncipes; y hace que tengan por heredad asiento de honra: porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él asentó sobre ellas el mundo. 9El guarda los pies de sus santos, mas los impíos perecen en tinieblas; porque nadie será fuerte por su fuerza. 10Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios, y sobre ellos tronará desde los cielos: Jehová juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza á su Rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías.
46Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor; 47Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador. 48Porque ha mirado á la bajeza de su criada; porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. 49Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; y santo es su nombre. 50Y su misericordia de generación á generación á los que le temen. 51Hizo valentía con su brazo: esparció los soberbios del pensamiento de su corazón. 52Quitó los poderosos de los tronos, y levantó á los humildes. 53A los hambrientos hinchió de bienes; y á los ricos envió vacíos. 54Recibió á Israel su siervo, acordándose de la misericordia, 55Como habló á nuestros padres á Abraham y á su simiente para siempre.
6Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia á tu siervo David mi padre, según que él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo: y tú le has guardado esta tu grande misericordia, que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día. 7Ahora pues, Jehová Dios mío, tú has puesto á mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre: y yo soy mozo pequeño, que no sé cómo entrar ni salir. 8Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. 9Da pues á tu siervo corazón dócil para juzgar á tu pueblo, para discernir entre lo bueno y lo malo: porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?
10Asimismo holgóse mucho el rey David, y bendijo á Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, de uno á otro siglo. 11Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y la altura sobre todos los que están por cabeza. 12Las riquezas y la gloria están delante de ti, y tú señoreas á todos: y en tu mano está la potencia y la fortaleza, y en tu mano la grandeza y fuerza de todas las cosas. 13Ahora pues, Dios nuestro, nosotros te confesamos, y loamos tu glorioso nombre.
17Aunque la higuera no florecerá, ni en las vides habrá frutos; mentirá la obra de la oliva, y los labrados no darán mantenimiento, y las ovejas serán quitadas de la majada, y no habrá vacas en los corrales; 18Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salud. 19Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual pondrá mis pies como de ciervas, y me hará andar sobre mis alturas. Al jefe de los cantores sobre mis instrumentos de cuerdas.
39Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.
20Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. 21Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste. 22Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. 23Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también á mí me has amado.
14Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15Del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra, 16Que os dé, conforme á las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu. 17Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor, 18Podáis bien comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura, 19Y conocer el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. 20Y á Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos ó entendemos, por la potencia que obra en nosotros, 21A él sea gloria en la iglesia por Cristo Jesús, por todas edades del siglo de los siglos. Amén.
9Y esto ruego, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, 10Para que discernáis lo mejor; que seáis sinceros y sin ofensa para el día de Cristo; 11Llenos de frutos de justicia, que son por Jesucristo, á gloria y loor de Dios.
9Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia; 10Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios: 11Corroborados de toda fortaleza, conforme á la potencia de su gloria, para toda tolerancia y largura de ánimo con gozo; 12Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz:
24A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría, 25Al Dios solo sabio, nuestro Salvador, sea gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora y en todos los siglos. Amén.