Oraciones de «Paz interior», basadas en la Biblia, para leer o escuchar.
En medio del caos
Estad quietos, y conoced que yo soy Dios: ensalzado he de ser entre las gentes, ensalzado seré en la tierra.
Dios de paz, mi vida está llena de ruido y de prisa. Hay demasiadas cosas a la vez, y siento que todo se me escapa de las manos. Tu Palabra me invita a estar quieto y reconocer que tú eres Dios. Hoy quiero detenerme un momento y volver mi mente hacia ti. No te pido que desaparezca todo lo que me rodea, sino que tú seas el centro firme en medio de ello. Ordena mis prioridades, ayúdame a hacer una cosa cada vez y a soltar lo que no me corresponde. Que mi confianza en ti sea más fuerte que el desorden. En el nombre de Jesús. Amén.
Vuelve, oh alma mía, á tu reposo; porque Jehová te ha hecho bien.
Padre bueno, vengo a ti con el alma agotada. No es solo cansancio del cuerpo; es un peso que llevo dentro desde hace tiempo. Tu Palabra invita a mi alma a volver a su reposo, porque tú me has hecho bien. Aquí estoy, volviendo a ti. Te entrego las cargas que nunca fueron mías. Enséñame a caminar a tu lado, sin prisa y con humildad. Quita de mí la exigencia de hacerlo todo perfecto y de cargar con todo. Que tu paz ocupe el lugar de mis afanes. Dame un descanso profundo, de esos que solo tú puedes dar. Por Jesucristo, mi Señor. Amén.
Sean las costumbres vuestras sin avaricia; contentos de lo presente; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.
Padre amado, confieso que muchas veces vivo comparándome con otros y deseando lo que no tengo. Esa inquietud me roba la paz y me impide disfrutar lo que ya me has dado. Tu Palabra me invita a estar contento con lo presente, porque tú has prometido no dejarme ni desampararme. Esa es mi mayor riqueza: tu compañía fiel. Líbrame de la avaricia y del afán de tener siempre más. Abre mis ojos para ver tus regalos de cada día: el pan, el techo, las personas que me quieren, el aire que respiro. Enséñame a vivir con sencillez y gratitud. En el nombre de Jesús. Amén.
Alma mía, en Dios solamente reposa; porque de él es mi esperanza.
Padre santo, hoy quiero callar un momento delante de ti. Mi mente habla sin parar, y casi siempre soy yo quien llena la oración de palabras. Ahora le digo a mi alma: descansa solo en Dios, porque de él viene tu esperanza. Acallo mis prisas, mis listas y mis quejas. Quiero escucharte. Habla a mi corazón por medio de tu Palabra y de tu Espíritu. Si no oigo nada especial, que este silencio sea igualmente un encuentro contigo. Enséñame a buscar cada día un lugar tranquilo para estar a solas contigo. En el nombre de Jesús. Amén.
No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis á memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva: presto saldrá á luz: ¿no la sabréis? Otra vez pondré camino en el desierto, y ríos en la soledad.
Señor misericordioso, hay recuerdos de mi pasado que todavía me duelen y me persiguen: errores que cometí, palabras que dije, cosas que me hicieron. A veces vuelvo a ellos una y otra vez. Hoy te los entrego. Gracias porque en Cristo hay perdón para lo que hice y sanidad para lo que sufrí. Tu Palabra me dice que no me quede mirando lo antiguo, porque tú haces algo nuevo. Abre camino en mi desierto y haz brotar ríos donde hoy hay sequedad. Ayúdame a perdonarme como tú me perdonas. Si necesito pedir perdón o hablar con alguien que me ayude a sanar, dame valor. En el nombre de Jesús. Amén.
Si se puede hacer, cuanto está en vosotros, tened paz con todos los hombres.
Señor, tú ves las tensiones que hay en mis relaciones. Hay una persona con la que me cuesta hablar, y la distancia entre nosotros me quita la paz. Tu Palabra me pide que, en cuanto dependa de mí, viva en paz con todos. Muéstrame qué parte me toca. Dame humildad para reconocer mis faltas, valor para dar el primer paso y prudencia para elegir bien las palabras. Sana lo que está herido en mí y en la otra persona. Y si la reconciliación no es posible ahora, guarda mi corazón del rencor y ayúdame a dejar el resultado en tus manos. En el nombre de Jesús. Amén.