Oraciones de «Perdón», basadas en la Biblia, para leer o escuchar.
Un corazón limpio
Venid luego, dirá Jehová, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana.
Dios mío, vengo a ti sin excusas. Sabes lo que hice y lo que dejé de hacer, y no quiero esconderlo más. Te pido perdón de verdad. Tú me invitas a venir y prometes que mis pecados, aunque sean rojos como la grana, quedarán blancos como la nieve. Lava lo que está manchado en mí y dame un corazón limpio, que vuelva a desear lo bueno. Quédate cerca, aunque yo me haya alejado. Lléname de la alegría de saberme salvado por Jesús, que cargó con mi culpa en la cruz. Que tu Espíritu me sostenga para empezar de nuevo y caminar con más cuidado. En el nombre de Jesús. Amén.
Y respondióles José: No temáis: ¿estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó á bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida á mucho pueblo. Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré á vosotros y á vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.
Padre, hay una herida que todavía me duele. Alguien me hizo daño y a veces revivo lo que pasó una y otra vez. Tú lo viste todo y conoces mi dolor. Como José con sus hermanos, quiero dejar la justicia en tus manos, porque yo no ocupo tu lugar. Ayúdame a creer que tú puedes sacar algo bueno incluso de esto. Hoy decido perdonar, aunque mis sentimientos tarden en seguir a mi decisión. Sana mi memoria poco a poco y guárdame de la venganza. Si es sabio, dame también límites sanos para protegerme. Por Jesucristo, mi Señor. Amén.
Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados.
Señor, tú ya me perdonaste, pero yo sigo cargando con mi error. Me acuso, me repito lo que hice y no consigo soltarlo. Tú dices que borras mis rebeliones y que no te acordarás de mis pecados. Si tú no los recuerdas para condenarme, enséñame a no vivir encadenado a ellos. Quiero aprender de mis faltas sin quedarme atrapado en la vergüenza. Dame humildad para reparar lo que pueda y paz para aceptar lo que no puedo cambiar. Ayúdame a mirarme como tú me miras: con verdad y con misericordia. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.
Señor Jesús, tú enseñaste que la reconciliación con el hermano importa más que cualquier ofrenda. Hay una relación rota en mi vida y me pesa. Tal vez yo también tengo parte de culpa. Dame valor para dar el primer paso, para llamar, escribir o pedir una conversación. Pon en mi boca palabras humildes, sin reproches ni orgullo. Prepara también el corazón de la otra persona. Si todavía no es el momento, enséñame a esperar sin rencor y a orar por ella. Que mi adoración no sea solo de palabras, sino que se vea en cómo trato a los demás. En tu nombre te lo pido. Amén.
Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando os impida, y por ella muchos sean contaminados;
Dios de misericordia, quiero perdonar y no puedo. Siento amargura, enojo y ganas de que la otra persona pague por lo que hizo. No quiero fingir delante de ti; tú conoces todo lo que hay en mí. Recuerdo cuánto me has perdonado en Cristo, sin merecerlo, y te pido que ese recuerdo ablande mi corazón. Quita de mí la amargura antes de que eche raíces y me aparte de tu gracia. No te pido olvidar de golpe, sino dar hoy un paso pequeño. Hazme amable y compasivo, aunque me cueste. Y si este dolor me supera, dame la humildad de buscar ayuda y consejo. En el nombre de Jesús. Amén.
Tú, enemiga mía, no te huelgues de mí: porque aunque caí, he de levantarme; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz.
Padre bueno, volví a caer en lo mismo. Te prometí que no pasaría y aquí estoy otra vez, avergonzado. Una voz dentro de mí dice que no tengo remedio, pero tu Palabra dice que aunque caiga, me levantaré, porque tú eres mi luz en la oscuridad. Vuelvo a ti con sinceridad y te pido perdón. Gracias porque tu paciencia es más grande que mis fracasos. Muéstrame qué cosas me llevan a tropezar y dame sabiduría para evitarlas. Rodéame de personas que me ayuden a seguir firme. Hoy me levanto de nuevo, tomado de tu mano. En el nombre de Jesús. Amén.