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Ciro

Cyrus

Easton, 1897

(Heb. Ko'resh), el célebre «rey de Persia» (Elam) que conquistó Babilonia y publicó el decreto de liberación de los judíos (Esdras 1:1, Esdras 1:2). Era hijo de Cambises, príncipe de Persia, y nació hacia el 599 a. C. En el año 559 a. C. fue rey de Persia, a la cual se añadió el reino de Media, en parte por conquista. Ciro fue un gran jefe militar, resuelto a la conquista universal. Babilonia cayó ante su ejército (538 a. C.) la noche del banquete de Belsasar (Daniel 5:30), y entonces el antiguo dominio de Asiria se añadió también a su imperio (comp. «Sube, oh Elam», Isaías 21:2).

Hasta entonces los grandes reyes de la tierra solo habían oprimido a los judíos. Ciro fue para ellos como un «pastor» (Isaías 44:28; Isaías 45:1). Dios lo empleó para prestar un servicio a su antiguo pueblo. Posiblemente obtuvo, por el contacto con los judíos, algún conocimiento de su religión.

El «año primero de Ciro» (Esdras 1:1) no es el año de su elevación al poder sobre los medos, ni sobre los persas, ni el año de la caída de Babilonia, sino el año siguiente a los dos años durante los cuales «Darío el Medo» fue virrey en Babilonia después de su caída. Solo entonces (536 a. C.) llegó Ciro a ser rey efectivo sobre Palestina, que pasó a formar parte de su imperio babilónico. El edicto de Ciro para la reconstrucción de Jerusalén marcó una gran época en la historia del pueblo judío (2 Crónicas 36:22, 2 Crónicas 36:23; Esdras 1:1-4; Esdras 4:3; Esdras 5:13-17; Esdras 6:3-5).

Este decreto fue hallado «en Achmetha [R.V. inglesa, al margen: «Ecbatana»], en el palacio que está en la provincia de Media» (Esdras 6:2). Una crónica redactada justo después de la conquista de Babilonia por Ciro narra la historia del reinado de Nabonido (Nabunahid), último rey de Babilonia, y de la caída del imperio babilónico. En el 538 a. C. hubo una sublevación en el sur de Babilonia, mientras el ejército de Ciro entraba en el país por el norte. En junio el ejército babilonio fue completamente derrotado en Opis, e inmediatamente después Sippara abrió sus puertas al conquistador. Gobrias (Ugbaru), el gobernador de Kurdistán, fue enviado entonces a Babilonia, que se rindió «sin combatir», y los servicios diarios en los templos continuaron sin interrupción. En octubre llegó el propio Ciro y proclamó una amnistía general, que Gobrias comunicó a «toda la provincia de Babilonia», de la cual había sido nombrado gobernador. Entretanto, Nabonido, que se había ocultado, fue capturado, pero tratado con honor; y cuando murió su esposa, Cambises, hijo de Ciro, presidió el funeral. Ciro tomó entonces el título de «rey de Babilonia», afirmó ser descendiente de los antiguos reyes e hizo ricas ofrendas a los templos. Al mismo tiempo permitió que los pueblos extranjeros que habían sido deportados a Babilonia volvieran a sus antiguos hogares, llevando consigo las imágenes de sus dioses. Entre esos pueblos estaban los judíos, quienes, como no tenían imágenes, llevaron consigo los vasos sagrados del templo.

Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).