Creación
Creation
Easton, 1897
«En el principio» Dios creó, es decir, llamó a la existencia, todas las cosas de la nada. Este acto creador de parte de Dios fue absolutamente libre, y por razones infinitamente sabias. La causa de todas las cosas existe solo en la voluntad de Dios. La obra de la creación se atribuye (1) a la Deidad (Génesis 1:1; Génesis 1:26); (2) al Padre (1 Corintios 8:6); (3) al Hijo (Juan 1:3; Colosenses 1:16; Colosenses 1:17);
(4) al Espíritu Santo (Génesis 1:2; Job 26:13; Salmos 104:30). El hecho de que sea el Creador distingue a Jehová como el Dios verdadero (Isaías 37:16; Isaías 40:12; Isaías 40:13; Isaías 54:5; Salmos 96:5; Jeremías 10:11; Jeremías 10:12). El único gran fin de la obra de la creación es la manifestación de la gloria del Creador (Colosenses 1:16; Apocalipsis 4:11; Romanos 11:36). Las obras de Dios, igual que la palabra de Dios, son una revelación de parte de él; y entre las enseñanzas de una y de otra, bien entendidas, no puede haber contradicción.
Tradiciones de la creación, desfiguradas por corrupciones, se hallan entre los registros de los antiguos pueblos de Oriente. (Véase Accad.) Un interés peculiar tienen las tradiciones de los acadios, los primitivos habitantes de las llanuras de la baja Mesopotamia. Estas han sido sacadas a la luz en los últimos años en las tablillas y cilindros rescatados de los palacios y templos de Asiria, sepultados durante largo tiempo. Guardan una notable semejanza con el relato del Génesis.
Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).