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Decretos de Dios

Decrees of God

Easton, 1897

«Los decretos de Dios son su propósito eterno, inmutable, santo, sabio y soberano, que comprende a la vez todas las cosas que han sido o serán, en sus causas, condiciones, sucesiones y relaciones, y que determina su certera futuridad. Los diversos contenidos de este único propósito eterno son concebidos por nosotros, a causa de la limitación de nuestras facultades, necesariamente en aspectos parciales y en relaciones lógicas, y por eso se llaman Decretos.» Siendo el decreto el acto de una Persona infinita, absoluta, eterna, inmutable y soberana, que comprende un plan que incluye todas sus obras de toda clase, grandes y pequeñas, desde el comienzo de la creación hasta una eternidad sin fin; fines y medios, causas y efectos, condiciones e instrumentos así como los acontecimientos que dependen de ellos, ha de ser incomprensible para el intelecto finito del hombre. Los decretos son eternos (Hechos 15:18; Efesios 1:4; 2 Tesalonicenses 2:13), inmutables (Salmos 33:11; Isaías 46:9), y comprenden todas las cosas que suceden (Efesios 1:11; Mateo 10:29, Mateo 10:30; Efesios 2:10; Hechos 2:23; Hechos 4:27, Hechos 4:28; Salmos 17:13, Salmos 17:14).

Los decretos de Dios son (1) eficaces, en cuanto se refieren a aquellos acontecimientos que él ha determinado llevar a cabo por su propia acción inmediata; o (2) permisivos, en cuanto se refieren a aquellos acontecimientos que él ha determinado que los agentes libres puedan realizar con su permiso.

Esta doctrina debe producir en nuestras mentes «humildad, en vista de la infinita grandeza y soberanía de Dios y de la dependencia del hombre; confianza y plena seguridad en la sabiduría, la justicia, la bondad y la inmutabilidad del propósito de Dios».

Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).