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Incienso (1)

Olíbano · Frankincense

Easton, 1897

(Heb. lebonah; gr. libanos, es decir, «blanco»), una resina olorosa importada de Arabia (Isaías 60:6; Jeremías 6:20), aunque también crecía en Palestina (Cantares 4:14). Era uno de los ingredientes del perfume del santuario (Éxodo 30:34) y se usaba como acompañamiento de la ofrenda de cereal (Levítico 2:1, Levítico 2:16; Levítico 6:15; Levítico 24:7). Al quemarse emitía un olor fragante y por eso el incienso se convirtió en símbolo del nombre divino (Malaquías 1:11; Cantares 1:3) y en emblema de la oración (Salmos 141:2; Lucas 1:10; Apocalipsis 5:8; Apocalipsis 8:3).

Este incienso, u olíbano, usado por los judíos en los servicios del templo no debe confundirse con el incienso del comercio moderno, que es una exudación del abeto de Noruega, el Pinus abies. Era probablemente una resina del árbol de la India conocido por los botánicos con el nombre de Boswellia serrata o thurifera, que alcanza una altura de cuarenta pies.

Torres Amat, 1823

El uso de los perfumes es casi tan antiguo como el mundo. Con el olor suave y agradable de ellos se daba una señal de respeto y de afecto. Por eso luego se usaron en el culto de la Divinidad; y en seguida se miró ya como muestra de honor el incensar á los reyes, á los sacerdotes, y á todo el pueblo reunido en la iglesia. En la Ley antigua no se ofrecia á Dios otro incienso que el timiama; que era una confeccion esquisita, compuesta de cuatro riquísimos aromas que daban un olor suavísimo, y se ofrecia en la entrada de la parte mas interior del templo, ó del Sancta Sanctorum.

Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).