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Josué, Libro de

Josué · Joshua, The Book of

Easton, 1897

Contiene una historia de los israelitas desde la muerte de Moisés hasta la de Josué. Consta de tres partes: (1.) La historia de la conquista de la tierra (caps. 1-12). (2.) El reparto de la tierra entre las distintas tribus, con la designación de las ciudades de refugio, la provisión para los levitas (caps. 13-22) y el regreso a sus hogares de las tribus orientales. Esta sección se ha comparado con el Domesday Book (el libro catastral) de la conquista normanda. (3.) Los discursos de despedida de Josué, con el relato de su muerte (caps. 23, 24).

Este libro ocupa el primer lugar en la segunda de las tres secciones (1) la Ley, (2) los Profetas, (3) los «otros escritos» = Hagiógrafos, en que la Iglesia judía dividió el Antiguo Testamento. Hay toda razón para concluir que la tradición uniforme de los judíos es correcta cuando atribuyen la autoría del libro a Josué, todo salvo la sección final; los últimos versículos (Josué 24:29-33) fueron añadidos por otra mano.

Hay dos dificultades relacionadas con este libro que han dado lugar a mucha discusión: (1.) El milagro de la detención del sol y de la luna en Gabaón. El relato se encuentra en la apasionada oración de fe de Josué, tal como se cita (Josué 10:12-15) del «Libro de Jaser» (véase Jasher). Se han dado muchas explicaciones de estas palabras. Sin embargo, no deben presentar dificultad alguna si creemos en la posibilidad de la intervención milagrosa de Dios en favor de su pueblo. Si fue causado por la refracción de la luz, o de qué modo, no lo sabemos.

(2.) Otra dificultad surge del mandato dado por Dios de exterminar por completo a los cananeos. «¿El Juez de toda la tierra no hará lo que es justo?» Basta que Josué supiera claramente que esa era la voluntad de Dios, quien emplea sus terribles instrumentos, el hambre, la peste y la guerra, en el gobierno justo de este mundo. Los cananeos se habían hundido en un estado de inmoralidad y corrupción tan vil y degradante que tuvieron que ser desarraigados de la tierra a filo de espada. «La espada de los israelitas, en sus ejecuciones más sangrientas, obró una obra de misericordia para todos los países de la tierra hasta el fin del mundo.»

Este libro se parece a los Hechos de los Apóstoles en el número y la variedad de los incidentes históricos que registra y en sus numerosas referencias a personas y lugares; y así como en el caso de aquel las epístolas de Pablo (véase la Horae Paulinae de Paley) confirman su exactitud histórica con sus alusiones incidentales y sus «coincidencias no premeditadas», así en el caso de este los descubrimientos modernos confirman su historicidad. Las tablillas de Amarna (véase Adonisedec) están entre los descubrimientos más notables de la época. Datan de alrededor del 1480 a. C. hasta el tiempo de Josué, y consisten en comunicaciones oficiales de jefes amorreos, fenicios y filisteos al rey de Egipto; ofrecen una visión de la condición real de Palestina antes de la invasión hebrea, e ilustran y confirman la historia de la conquista. Una carta, también conservada todavía, de un oficial militar, «maestro de los capitanes de Egipto», que data de cerca del final del reinado de Ramsés II, da un curioso relato de un viaje, probablemente oficial, que emprendió por Palestina hasta el norte, hasta Alepo, y permite entrever la condición social del país en aquel tiempo. Entre las cosas que han salido a la luz por esta carta y por las tablillas de Amarna está el estado de confusión y decadencia en que había caído entonces Egipto. Las guarniciones egipcias que habían ocupado Palestina desde el tiempo de Tutmosis III, unos doscientos años antes, habían sido retiradas ya. Así se abría el camino a los hebreos. En la historia de la conquista no se menciona que Josué se encontrara con ninguna fuerza egipcia. Las tablillas contienen muchos llamamientos al rey de Egipto pidiendo ayuda contra las incursiones de los hebreos, pero parece que nunca se envió ayuda alguna. ¿No es esta justamente la situación que podía esperarse como resultado del desastre del Éxodo? En muchos puntos, como se muestra en varios artículos, el avance de la conquista queda notablemente ilustrado por las tablillas. El valor de los descubrimientos modernos en su relación con la historia del Antiguo Testamento se ha descrito bien así:

«La dificultad de sostener la acusación de falta de credibilidad histórica frente al testimonio del Antiguo Testamento ha aumentado mucho en los últimos años. El resultado de las excavaciones y exploraciones recientes está del todo en contra de ella. Mientras estos libros contenían, en lo principal, los únicos relatos conocidos de los hechos que mencionan, tenía alguna plausibilidad la teoría de que quizá esos relatos se escribieron más para enseñar lecciones morales que para conservar un conocimiento exacto de los acontecimientos. Era fácil decir que en aquellos tiempos los hombres no tenían sentido histórico. Pero los descubrimientos recientes tocan los hechos registrados en la Biblia en muchísimos puntos distintos, en muchas generaciones distintas, mencionando las mismas personas, países, pueblos y sucesos que se mencionan en la Biblia, y mostrando sin duda alguna que eran estrictamente históricos. El punto no es que los descubrimientos confirmen la exactitud de las afirmaciones bíblicas, aunque eso es lo habitual, sino que los descubrimientos muestran que los pueblos de aquellas épocas tenían sentido histórico y, en concreto, que las narraciones bíblicas que tocan son narraciones de hechos reales.»

Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).