Libros de las Crónicas
Crónicas · Paralipómenos · Chronicles, Books of
Easton, 1897
Los dos libros eran originalmente uno solo. Llevaban en el hebreo masorético el título Dibre hayyamim, es decir, «Hechos de los Días». Este título fue traducido por Jerónimo en su versión latina como «Chronicon», y de ahí «Crónicas». En la versión de la Septuaginta el libro está dividido en dos y lleva el título Paraleipomena, es decir, «cosas omitidas» o «suplementos», porque contiene muchas cosas omitidas en los libros de los Reyes.
El contenido de estos libros se comprende bajo cuatro apartados. (1.) Los primeros nueve capítulos del libro I contienen poco más que una lista de genealogías en la línea de Israel hasta el tiempo de David. (2.) El resto del primer libro contiene una historia del reinado de David. (3.) Los primeros nueve capítulos del libro II contienen la historia del reinado de Salomón. (4.) Los capítulos restantes del segundo libro contienen la historia del reino separado de Judá hasta el tiempo del regreso del Exilio babilónico.
El tiempo de la composición de las Crónicas fue, hay todo fundamento para concluirlo, posterior al Exilio babilónico, probablemente entre el 450 y el 435 a. C. El contenido de este libro doble, tanto en materia como en forma, corresponde estrechamente con esta idea. El final del libro registra el decreto de Ciro permitiendo a los judíos volver a su propia tierra, y este forma el pasaje inicial del libro de Esdras, que debe considerarse una continuación de las Crónicas. La forma peculiar de la lengua, de carácter arameo en general, concuerda también con la de los libros escritos después del Exilio. El autor fue ciertamente contemporáneo de Zorobabel, de cuya familia se dan detalles (1 Crónicas 3:19).
Determinado el tiempo de la composición, la cuestión de la autoría puede decidirse más fácilmente. Según la tradición judía, que fue universalmente recibida hasta mediados del siglo diecisiete, Esdras era considerado el autor de las Crónicas. Hay muchos puntos de semejanza y de contacto entre las Crónicas y el libro de Esdras que parecen confirmar esta opinión. La conclusión de uno y el comienzo del otro son casi idénticos en su expresión. En su espíritu y características son lo mismo, mostrando así también una identidad de autoría.
En su alcance y propósito generales estos libros no son tanto históricos como didácticos. El objetivo principal del escritor parece ser presentar la verdad moral y religiosa. No da relieve a los acontecimientos políticos, como se hace en Samuel y Reyes, sino a las instituciones eclesiásticas. «Las genealogías, tan poco interesantes para la mayoría de los lectores modernos, eran realmente una parte importante de los registros públicos del Estado hebreo. Eran la base sobre la cual no solo se distribuía y poseía la tierra, sino que se organizaban y dirigían los servicios públicos del templo, siendo solamente los levitas y sus descendientes, como es bien sabido, los que tenían derecho a los diezmos y a las primicias apartados para ese fin». Las «Crónicas» son un compendio de la historia sagrada desde los días de Adán hasta el regreso del Exilio babilónico, un período de unos 3.500 años. El escritor recoge «los hilos de la vieja vida nacional rotos por el Cautiverio».
Las fuentes de que el cronista compiló su obra eran registros públicos, anales y tablas genealógicas pertenecientes a los judíos. Se hace referencia a ellas en el curso del libro (1 Crónicas 27:24; 1 Crónicas 29:29; 2 Crónicas 9:29; 2 Crónicas 12:15; 2 Crónicas 13:22; 2 Crónicas 20:34; 2 Crónicas 24:27; 2 Crónicas 26:22; 2 Crónicas 32:32; 2 Crónicas 33:18, 2 Crónicas 33:19; 2 Crónicas 27:7; 2 Crónicas 35:25). Hay en las Crónicas y en los libros de Samuel y Reyes cuarenta paralelos, a menudo literales, que prueban que el escritor conocía y usó esos registros (1 Crónicas 17:18; comp. 2 Samuel 7:18-20; 1 Crónicas 19; comp. 2 Samuel 10, etc.).
En comparación con Samuel y Reyes, el libro de las Crónicas omite muchos detalles allí registrados (2 Samuel 6:20-23; 2 Samuel 9; 2 Samuel 11; 2 Samuel 14-2 Samuel 19, etc.), e incluye muchas cosas que le son peculiares (1 Crónicas 12; 1 Crónicas 22; 1 Crónicas 23-1 Crónicas 26; 1 Crónicas 27; 1 Crónicas 28; 1 Crónicas 29, etc.). Veinte capítulos enteros y veinticuatro partes de capítulos están ocupados con materia que no se halla en otro lugar. Registra también muchas cosas con mayor detalle, como (por ejemplo) la lista de los héroes de David (1 Crónicas 12:1-37), el traslado del arca desde Quiriat-jearim al monte Sión (1 Crónicas 13; 1 Crónicas 15:2-24; 1 Crónicas 16:4-43; comp. 2 Samuel 6), la lepra de Uzías y su causa (2 Crónicas 26:16-21; comp. 2 Reyes 15:5), etc.
Se ha observado también que otra peculiaridad del libro es que sustituye por expresiones modernas y más comunes las que entonces se habían vuelto inusuales u obsoletas. Esto se ve en particular en la sustitución de los nombres de lugares por los modernos, tales como los que estaban en uso en el tiempo del escritor, en lugar de los antiguos; así, Gezer (1 Crónicas 20:4) se usa en lugar de Gob (2 Samuel 21:18), etc.
Los libros de las Crónicas se cuentan entre los khethubim o hagiógrafos. Se alude a ellos, aunque no se citan directamente, en el Nuevo Testamento (Hebreos 5:4; Mateo 12:42; Mateo 23:35; Lucas 1:5; Lucas 11:31, Lucas 11:51).
Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).