Mesías
Messiah
Easton, 1897
(Heb. mashiah), en las treinta y nueve veces que aparece en el Antiguo Testamento, es traducido por la LXX «Christos». Significa ungido. Así, sacerdotes (Éxodo 28:41; Éxodo 40:15; Números 3:3), profetas (1 Reyes 19:16) y reyes (1 Samuel 9:16; 1 Samuel 16:3; 2 Samuel 12:7) eran ungidos con aceite, y así consagrados a sus respectivos oficios. El gran Mesías es ungido «más que a sus compañeros» (Salmos 45:7); es decir, abarca en sí los tres oficios. La forma griega «Mesías» (Messias) se usa solo dos veces en el Nuevo Testamento, en Juan 1:41 y Juan 4:25 (R.V., «Messiah»), y en el Antiguo Testamento la palabra Mesías, como traducción del hebreo, aparece solo dos veces (Daniel 9:25, Daniel 9:26; R.V., «el ungido»).
La primera gran promesa (Génesis 3:15) contiene en sí el germen de todas las profecías registradas en el Antiguo Testamento acerca de la venida del Mesías y de la gran obra que él habría de cumplir en la tierra. Las profecías se hicieron más definidas y completas conforme pasaban las edades; la luz brilló más y más hasta el día perfecto. Se han señalado diferentes períodos de revelación profética: (1) el patriarcal; (2) el mosaico; (3) el período de David; (4) el período del profetismo, es decir, de aquellos profetas cuyas obras forman parte del canon del Antiguo Testamento. Así se mantuvieron vivas las esperanzas de los judíos de generación en generación, hasta la «plenitud de los tiempos», cuando vino el Mesías, «nacido de mujer, nacido bajo la ley, para redimir a los que estaban bajo la ley». En él tienen su cumplimiento todas estas antiguas profecías. Jesús de Nazaret es el Mesías, el gran Libertador que había de venir. (Comp. Mateo 26:54; Marcos 9:12; Lucas 18:31; Lucas 22:37; Juan 5:39; Hechos 2; Hechos 16:31; Hechos 26:22, Hechos 26:23.)
Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).