Perro
Dog
Easton, 1897
Se menciona con frecuencia tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Los hebreos usaban los perros como guardianes de sus casas (Isaías 56:10) y para custodiar sus rebaños (Job 30:1). Había también entonces, como ahora, manadas de perros semisalvajes que vagaban devorando cadáveres y los desperdicios de las calles (1 Reyes 14:11; 1 Reyes 16:4; 1 Reyes 21:19, 1 Reyes 21:23; 1 Reyes 22:38; Salmos 59:6, Salmos 59:14).
Como el perro era un animal inmundo, los términos «perro», «cabeza de perro» y «perro muerto» se usaban como expresiones de oprobio o de humillación (1 Samuel 24:14; 2 Samuel 3:8; 2 Samuel 9:8; 2 Samuel 16:9). Pablo llama «perros» a los falsos apóstoles (Filipenses 3:2). También se designa así a quienes quedan excluidos del reino de los cielos (Apocalipsis 22:15). A los perseguidores se les llama «perros» (Salmos 22:16). Las palabras de Hazael: «¿Qué es tu siervo, este perro?» (2 Reyes 8:13), se dicen con fingida humildad, como si fuera imposible que alguien tan despreciable como él alcanzara tal poder.
Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).