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Querubín

Querubines · Cherubim · Cherub

Easton, 1897

En plural querubines, el nombre de ciertas figuras simbólicas mencionadas con frecuencia en la Escritura. Se mencionan por primera vez en relación con la expulsión de nuestros primeros padres del Edén (Génesis 3:24). No se da indicación alguna de su forma o figura. Se mencionan luego cuando se mandó a Moisés que preparara el mobiliario del tabernáculo (Éxodo 25:17-20; Éxodo 26:1, Éxodo 26:31). Dios prometió comunicarse con Moisés «de entre los querubines» (Éxodo 25:22). Esta expresión se usó después para designar la morada y la presencia divinas (Números 7:89; 1 Samuel 4:4; Isaías 37:16; Salmos 80:1; Salmos 99:1). En la visión de Ezequiel (Ezequiel 10:1-20) aparecen como seres vivientes que sostienen el trono de Dios. Por la descripción que de ellos hace Ezequiel (Ezequiel 1:10; Ezequiel 41:18, Ezequiel 41:19), parecen haber sido figuras compuestas, distintas de cualquier objeto real de la naturaleza; imágenes artificiales que poseían los rasgos y propiedades de varios animales. Dos querubines fueron colocados sobre el propiciatorio del arca; dos de tamaño colosal la cubrían con su sombra en el templo de Salomón. Ezequiel (Ezequiel 1:4-14) habla de cuatro; y este número de «seres vivientes» se menciona en Apocalipsis 4:6. Los que estaban sobre el arca se llaman «querubines de gloria» (Hebreos 9:5), es decir, de la Shejiná, o nube de gloria, porque sobre ellos reposaba la gloria visible de Dios. Estaban colocados uno en cada extremo del propiciatorio, con las alas extendidas hacia arriba y sus rostros «el uno enfrente del otro y hacia el propiciatorio». Fueron ungidos con aceite santo, como el arca misma y los demás muebles sagrados.

Los querubines eran simbólicos. Estaban destinados a representar existencias espirituales en contacto inmediato con Jehová. Algunos los han considerado símbolo del principal poder gobernante por el cual Dios lleva adelante sus operaciones en la providencia (Salmos 18:10). Otros los interpretan como referentes a la redención de los hombres, y como símbolo de los grandes gobernantes o ministros de la iglesia. Se han sostenido muchas otras opiniones acerca de ellos que no es necesario mencionar aquí. En conjunto, parece lo más satisfactorio considerar que la interpretación del símbolo es variable, como lo es el símbolo mismo.

Su función era, (1) en la expulsión de nuestros primeros padres del Edén, impedir todo acceso al árbol de la vida; y (2) formar el trono y el carro de Jehová en su manifestación de sí mismo en la tierra. Él mora entre los querubines y está sentado sobre ellos (1 Samuel 4:4; Salmos 80:1; Ezequiel 1:26, Ezequiel 1:28).

Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).