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Samaritano

Torres Amat, 1823

De la historia Sagrada consta (1 Reyes 12) que en tiempo de Roboam, hijo de Salomon, se apartaron de su obediencia diez tribus; las cuales se nombraron otro Rey que estableció su corte en Samaria. Este nuevo reino se llamó reino de Israel; y las dos tribus de Judá y Benjamin que continuaron fieles á Roboam, se llamaron reino de Judá. Procuraron luego los reyes de Israel que las diez tribus no fuesen á adorar á Dios en Jerusalen, á fin de conservar viva siempre la enemistad entre los dos reinos, y asegurar mejor el nuevo trono levantado en Samaria. Con este designio fomentaron el culto de los ídolos; y los dos pueblos de Judá é Israel, aunque salidos de una misma familia, estuvieron en contínuas guerras entre sí, con las cuales prepararon mútuamente su ruina. Doscientos cincuenta y nueve años despues de este cisma ó division, Salmanasar y Azaradden, reyes de Asiria, vinieron con sus ejércitos contra la Palestina, se apoderaron y arruinaron á Samaria; y llevándose cautivos sus habitantes acabaron para siempre con el reino de Israel. Para poblar de nuevo la Samaria enviaron á ella familias cutéas, idólatras de orígen, las cuales llevaron consigo sus ídolos y supersticiones. Como Dios castigó la idolatría de los cutéos con una irrupcion de bestias feroces, el rey de Asiria les envió un sacerdote israelita para que les enseñara el modo de adorar y tener propicio al Dios de los hebréos; y desde entonces conocieron y adoraron al verdadero Dios, aunque sin dejar muchas prácticas idolátricas. Con el tiempo fueron volviendo y uniéndose con los cutéos, muchas familias hebréas. El reino de Judá, rebelde é infiel tambien al Señor, como el de Israel, fué destruido ciento y veinte y tres años despues que el de este, por Nabucodonosor, rey de Asiria: el cual destruyó á Jerusalen y á su templo, llevándose cautivos á Babilonia á los habitantes del reino de Judá. Al volver estos de la cautividad, en tiempo de Ciro, no quisieron unirse con los samaritanos para reedificar el templo; y estos edificaron por consiguiente uno en el monte Garizim, semejante al de Jerusalen; con lo cual creció hasta lo sumo el odio entre los dos pueblos: de manera que en tiempo de Jesu-Cristo la mayor injuria que podia hacerse á un judío, era llamarle samaritano. En tres puntos parece que se diferenciaba la creencia religiosa de estos dos pueblos. Primero: Los samaritanos no admitian como escritura sagrada sino los libros del Pentateuco. Segundo: No hacian caso de las tradiciones de los doctores judíos, y se atenian á sola la Escritura. Tercero: Sostenian que debia darse culto al verdadero Dios en el monte Garizim, donde los Patriarcas le habian adorado; y no precisamente en Jerusalen.

Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).