Oraciones de «Duelo y consuelo», basadas en la Biblia, para leer o escuchar.
Por quien ya partió
Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él á los que durmieron en Jesús.
Dios de toda consolación, hoy lloro la muerte de alguien a quien amo profundamente. Su ausencia llena la casa y mis días. Me duele no oír su voz y no poder darle un último abrazo. Gracias porque tu Palabra no me pide que deje de llorar, sino que llore con esperanza. Creo que Jesús murió y resucitó, y en esa verdad me apoyo cuando todo lo demás tiembla. Abrázame en esta tristeza. Ayúdame a recordar con gratitud el amor que compartimos. Rodéame de personas que me acompañen, y dame paciencia con mi propio dolor, que necesita su tiempo. En el nombre de Jesús. Amén.
Padre, esto ha llegado sin aviso. Hace muy poco todo era normal, y ahora mi mundo se ha roto de repente. Todavía no consigo creerlo. Tengo preguntas que no sé formular y un dolor que no cabe en palabras. Jesús lloró ante la tumba de su amigo, y sé que tú no desprecias mis lágrimas. Mi corazón está roto hoy. No te pido respuestas inmediatas; te pido tu cercanía. Sostenme en las horas más duras, en las noches y en los trámites que tengo por delante. Dame fuerzas para cada pequeña tarea y pon a mi lado personas que me ayuden. Ten misericordia de mí. En el nombre de Jesús. Amén.
No fué encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fuí formado, y compaginado en lo más bajo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.
Dios de amor, mi corazón está roto por el hijo que perdí. Tanto si llegué a tenerlo en mis brazos como si solo lo llevé dentro por un tiempo, era mi hijo y lo amo. Gracias porque tus ojos lo vieron desde el principio y nada de su vida, corta o larga, quedó oculto para ti. Tú lo conociste incluso antes que yo. Guarda mi alma cuando me asalten la culpa o los porqués sin respuesta. Consuélanos a mí y a mi familia, y ayúdanos a sostenernos unos a otros. Enséñame a llorar sin vergüenza y dame valor para pedir ayuda cuando la necesite. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
No se turbe vuestro corazón: creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
Señor Jesús, estoy acompañando a una persona que amo en sus últimos días. Verla apagarse me parte el alma, y a la vez quiero estar a su lado hasta el final. Tú nos dices que no se turbe nuestro corazón, porque vas a preparar lugar para los tuyos; que esa promesa nos dé aliento. Alivia su dolor y su miedo. Dale paz, y que sienta que no está sola. A mí, dame fuerzas para cuidarla, palabras sencillas para despedirme y momentos de descanso cuando lo necesite. Bendice a los médicos y enfermeras que la atienden con cariño. Y cuando llegue la hora, que encuentre descanso en tu misericordia. En el nombre de Jesús. Amén.
Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas.
Señor, consuelo mío, hoy se cumple un año más desde que perdí a alguien muy querido. Pensaba que con el tiempo dolería menos, y en parte es así, pero esta fecha despierta otra vez los recuerdos y la nostalgia. Gracias porque puedo traerte también este dolor que vuelve. Gracias por el tiempo que vivimos juntos y por todo lo bueno que dejó en mí. Me aferro a tu promesa: un día secarás toda lágrima y la muerte ya no existirá. Hasta entonces, acompáñame en este día. Ayúdame a recordar con amor y no solo con tristeza. En el nombre de Jesús. Amén.
Mi carne y mi corazón desfallecen: mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.
Dios de esperanza, hoy lloro una pérdida que quizá otros no entienden del todo. Perdí algo que formaba parte de mi vida: un trabajo, una capacidad, un sueño que esperaba cumplir. Siento tristeza, desconcierto y a veces enojo. Tú no desprecias este dolor. En medio de mis lamentos, quiero recordar lo que no he perdido: aunque mi corazón desfallezca, tú sigues siendo mi roca y mi porción para siempre. Ayúdame a despedirme de lo que ya no será y a abrirme a lo que tú puedas traer. Dame fuerzas para dar un paso cada día. En el nombre de Jesús. Amén.