1La misma dirigió sus pasos bajo el gobierno del santo Profeta Moisés.
2Viajaron por desiertos inhabitados, y se acamparon en lugares yermos;
3hicieron frente á sus enemigos, y se vengaron de sus contrarios.
4Tuvieron sed, y te invocaron, y fuéles dada agua de una altísima peña, y refrigerio á su sed de una dura piedra.
5Por tanto en lo mismo que fueron castigados sus enemigos cuando les faltó el agua para beber, los hijos de Israel se gozaban por tenerla en abundancia;
6y por eso cuando á aquellos les faltó, recibieron estos tan singular beneficio.
7Porque realmente á los malvados egipcios les diste á beber sangre humana en vez de las aguas del perenne rio Nilo.
8Y cuando perecian estos en pena de haber hecho morir á los infantes hebréos, diste á los tuyos agua en abundancia contra toda esperanza:
9demostrando, por la sed que hubo entónces, como ensalzabas á los tuyos, y hacias perecer á sus contrarios.
10Pues viéndose los hebréos puestos á prueba, y afligidos, bien que con misericordia, echaron de ver cuales tormentos padecieron los impios, castigados con indignacion.
11Verdaderamente que á los unos los probaste como padre que amonesta; mas á los otros pusistelos á la tortura, como Rey inexorable para condenarlos:
12siendo atormentados igualmente en ausencia y en presencia de los hebréos.
13Porque eran castigados con doble pesar y llanto, con la memoria de las cosas pasadas.
14Pues al oir que era bien para los otros lo que para ellos habia sido tormento, conocieron la mano del Señor, asombrados del éxito de los sucesos.
15Asi fué que á aquel pueblo y caudillo, de quien se mofaban, como de gente echada á la ventura en aquella inhumana esposicion de los niños, al fin de los sucesos le miraban con admiracion; habiendo ellos padecido una sed, bien diferente de la de los justos, que luego fué remediada.
16Y en castigo de las ideas locas de su idolatria, segun las cuales algunos, desvariando, adoraban irracionales ó mudas serpientes y viles bestias, tú enviaste contra ellos para vengarte una muchedumbre de mudas sabandijas;
17á fin de que conociesen como por aquellas cosas en que uno peca, por esas mismas es atormentado.
18No porque tu mano omnipotente, que crió al mundo de una materia nunca vista, no pudiera enviar contra ellos multitud de osos y feroces leones,
19ó fieras de una nueva especie desconocida, llenas de furor, ó respirando llamas de fuego, ó despidiendo una negra humareda, ó arrojando por los ojos espantosas centellas:
20que no solamente con sus mordeduras hubieran podido esterminarlos, sino aun con la sola vista hacerlos morir de espanto.
21Pero aun sin nada de todo esto, con un solo aliento de tu ira podian ser muertos, perseguidos del remordimiento de sus propios crímenes, y disipados por un soplo de tu potencia; mas tú dispones todas las cosas con justa medida, número y peso:
22porque tú solo tienes siempre á la mano el sumo poder; ni ¿quién puede resistir á la fuerza de tu brazo?
23El mundo todo es delante de tí como un granito en la balanza, y como una gota del rocío que por la mañana desciende sobre la tierra.
24Pero tú tienes misericordia de todos, por lo mismo que todo lo puedes, y disimulas los pecados de los hombres, á fin de que hagan penitencia:
25porque tú amas todo cuanto tiene ser, y nada aborreces de todo lo que has hecho; que si alguna cosa aborrecieras, nunca la hubieras ordenado ni hecho.
26¿Y cómo pudiera durar alguna cosa, si tú no quisieses? ¿ni cómo conservarse nada sin órden tuya?
27Pero tú eres indulgente para con todos; porque tuyas son todas las cosas, ó Señor, amador de las almas.
