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Foto: Depresión de Aoukar · Mauritania

Sabiduría 16

Depresión de Aoukar · Mauritania · Foto: Wilson McMakin · CC BY-SA 4.0

1Por eso fueron justamente atormentados por medio de aquellas mismas cosas que adoraban, y esterminados por una turba de animales soeces.

2Mas á tu pueblo, en lugar de estos tormentos, le hiciste favores; concediéndole los apetecidos deleites, con traerle por manjar de esquisito sabor gordas codornices:

3de manera que cuando los otros, bien que hambrientos, perdian las ganas aun del necesario sustento, por el asco de las sabandijas que se les ponian delante de los ojos; estos padeciendo necesidad por un poco de tiempo, lograron despues un esquisito manjar.

4Porque convenia que á los que se portaban como tiranos, les sobreviniese irremediable ruina, y á estos otros se les mostrase solamente, con una breve hambre, de qué manera eran esterminados sus enemigos.

5Asi que cuando contra ellos se enfurecieron las bestias crueles, perecian de las mordeduras de venenosas serpientes.

6Mas no duró siempre tu enojo, sino que fueron aterrados por un breve tiempo para escarmiento, recibiendo luego en la serpiente de metal una señal de salud, para recuerdo de los mandamientos de tu Ley:

7á la cual insignia quien miraba, quedaba sano; no por virtud del objeto que veia, sino por tí, ó Salvador de todos los hombres:

8con lo que demostraste á nuestros enemigos que tú eres el que libras de todo mal.

9Pues que ellos perecieron mordidos de las langostas y moscas, sin que se hallase remedio para su vida; porque merecian ser consumidos de semejantes insectos.

10Mas contra tus hijos ni aun los dientes de dragones venenosos pudieron prevalecer, porque acudió á curarlos tu misericordia.

11Y solo eran puestos á prueba, á fin de que se acordasen de tus preceptos: presto; empero, quedaban curados, para que no sucediese que cayendo en un profundo olvido de tu Ley no pudiesen gozar de tu socorro.

12Porque no fué yerba, ni ningun emplasto suave lo que los sanó, sino que fué tu palabra, ó Señor, la cual sana todas las cosas.

13Pues tú eres, ó Señor, el dueño de la vida y de la muerte, y tú nos conduces hasta las puertas de la muerte, y nos haces volver atrás desde ellas.

14Un hombre bien puede matar á otro por malicia; pero salido que haya el espíritu, no puede hacerle volver, ni hará tornar el alma de allí donde ha sido recibida:

15mas el huir de tu mano es cosa imposible.

16Asi los impíos, que negaban conocerte, fueron azotados por tu fuerte brazo, siendo perseguidos de estrañas lluvias, de pedriscos y de tempestades, y consumidos por el fuego.

17Y lo mas maravilloso era que el fuego en la misma agua que lo apaga todo, tenia mayor actividad; porque todas las criaturas se arman para vengar á los justos.

18A veces pues se amansaba el fuego, para no quemar á los animales enviados de Dios contra los impíos; á fin de que viéndolo ellos mismos, acabasen de conocer que por juicio de Dios eran perseguidos.

19Otras veces el fuego, contra su natural virtud, ardia en el agua para consumir las producciones de aquella tierra maldita.

20Al contrario, alimentaste á tu pueblo con manjar de ángeles, y le suministraste del cielo un pan aparejado sin fatiga suya, que contenia en sí todo deleite, y la suavidad de todos los sabores.

21Y asi este tu sustento demostraba cuan dulce eres para con tus hijos; y acomodándose al gusto de cada uno, se transmutaba en lo que cada cual queria.

22Por otra parte la nieve y el hielo resistian á la fuerza del fuego, y no se derretian; para que viesen los tuyos como arrasaba las cosechas de los enemigos aquel fuego que ardia y relampagueaba en medio del granizo y de la lluvia.

23Pero aqui, al contrario, olvidóse el fuego de su misma actividad; para que tuviesen los justos de que alimentarse.

24Porque la criatura sirviéndote á ti, Hacedor suyo, redobla los ardores para atormentar á los injustos, y los mitiga en beneficio de aquellos que en tí confian.

25Por eso entónces tambien el maná, criatura tuya, tomando el gusto de todos los manjares, servia á tu benéfica voluntad sustentadora de todos, acomodándose al deseo de aquellos que á tí recurrian:

26á fin de que tus hijos, ó Señor, de ti tan amados, reconociesen que no tanto son los frutos naturales los que alimentan á los hombres; sino que tu palabra es la que sustenta á los que creen en tí.

27Y en verdad que aquel maná que no podia ser consumido del fuego, calentado al mas leve rayo del sol, luego se deshacia:

28para que supiesen todos que era necesario adelantarse al sol para recoger tu bendicion, y adorarte asi que él amanece.

29Porque la esperanza del ingrato, como la escarcha del invierno se deshará, y desaparecerá como agua perdida.

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