1Mas sobre los impios egipcios descargó la ira, sin misericordia hasta el fin: como que el Señor estaba previendo lo que les habia de acontecer.
2Porque despues de haber ellos permitido á los hebreos que se marchasen, y aun habiéndoles dado priesa para que saliesen, arrepentidos luego les iban al alcance.
3De modo que estando todavía cubiertos de luto, derramando lágrimas sobre los sepulcros de los muertos, tomaron otra resolucion, propia de su locura, y pusiéronse á perseguir como á fugitivos á los mismos que habian hecho marchar á fuerza de ruegos:
4á este fin ó fatal paradero los conducia una bien merecida necesidad; y llegaron á perder la memoria de las cosas que les habian acaecido, para que el inminente castigo pusiese el colmo al resto de sus tormentos;
5y asi tu pueblo pasase milagrosamente el mar, en el cual hallasen ellos un nuevo género de muerte.
6Porque las criaturas todas, cada una en su género, obedeciendo á tus preceptos, tomaban una nueva forma, á fin de que tus hijos se conservasen ilesos.
7Así es que una nube hacia sombra á su campamento; y donde ántes habia agua, apareció tierra enjuta, y un camino sin tropiezo en medio del mar Rojo, y en el profundo abismo una verde pradería,
8por la cual atravesó todo el pueblo de Israel, protegido de tu poderosa mano, viendo tus maravillas y portentos.
9Por lo que, á manera de caballos bien pacidos, y como corderillos, daban brincos de alegria, engrandeciéndote á tí, ó Señor, que los libraste.
10Pues se acordaban todavía de aquellas cosas que habian sucedido allá donde moraron como forasteros; cuando en vez de crias de animales produjo la tierra moscas, y en lugar de peces echó fuera el rio muchedumbre de ranas.
11Y aun despues vieron una nueva creacion de aves, cuando llevados del antojo pidieron viandas delicadas.
12Porque para contentar su apetito vinieron volando del mar grandes codornices: pero sobre los egipcios pecadores habian llovido venganzas, precediendo los mismos fenómenos que ántes, esto es, tempestades de rayos; pues justamente eran castigados á medida de sus maldades;
13puesto que su inhospitalidad fué mucho mas inhumana que la de los de Sodoma. Porque si estos no acogieron á unos forasteros desconocidos, los egipcios á huéspedes sus bienhechores los reducian á la esclavitud.
14Ni es de considerar solamente esto, sino que hay otra diferencia en aquellos de Sodoma, y es que ya hospedaban de mala gana á unos estraños:
15mas estos afligian con cruelísimos trabajos á los mismos que habian acogido con alegría, y que vivian bajo de las mismas leyes.
16Por lo que fueron castigados con la ceguera; al modo que lo fueron aquellos otros delante de la puerta del justo Lot, cuando, envueltos en repentinas tinieblas, andaban buscando cada uno la puerta de su casa.
17Porque cuando los elementos cambian entre sí sus propias funciones, ó se trastornan, sucede lo que en un salterio que varía sus conciertos, bien que cada cuerda retenga el propio sonido; como se puede conocer evidentemente por la misma esperiencia.
18A este modo las criaturas terrestres se hacian acuátiles, y las que nadaban se pasaban á la tierra.
19El fuego, escediendo su condicion, conservaba su actividad en medio del agua, y el agua se olvidaba de su natural virtud de apagar.
20Al contrario las llamas no dañaban á los cuerpos de los animales, de suyo combustibles, que andaban dentro de ellas, ni derretian el maná, aquel delicioso manjar, que se deshacia tan facilmente como la escarcha. Asi que, ó Señor, en todo y por todo engrandeciste á tu pueblo, y le honraste, ni te desdeñaste de asistirle en todo tiempo y en todo lugar.
