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Foto: Parque Nacional Kozara · Bosnia y Herzegovina

Sabiduría 18

Parque Nacional Kozara · Bosnia y Herzegovina · Foto: autor desconocido · Public domain

1Entre tanto, Señor, gozaban tus santos, ó escogidos, de una grandisima luz; y oian sí las voces de los egipcios, pero sin verlos. Y dábante á tí la gloria, de que no padeciesen las mismas angustias,

2tributándote gracias porque no eran maltratados de los egipcios, como ántes lo habian sido; y pedíante la merced de que subsistiese esta diferencia.

3Por lo cual al ir por un camino desconocido tuvieron por guia una luminosa columna de fuego, teniendo de este modo un sol que no los incomodaba en el descanso de sus mansiones.

4A la verdad bien merecian los otros el quedar privados de la luz, y padecer una cárcel de tinieblas, ya que tenian encarcelados á tus hijos, por cuyo medio se comenzaba á comunicar al mundo la luz inmaculada de la Ley.

5Y cuando resolvieron el quitar la vida á los infantes de los justos, y libraste para castigo suyo á Moisés, uno de ellos que habia sido espuesto sobre las aguas, tú les quitaste muchísimos de sus hijos; y á ellos mismos los ahogaste en los abismos de las aguas.

6Fué aquella noche previamente anunciada á nuestros padres, para que conociendo por este suceso la verdad de las promesas juradas por Dios, á que habian dado crédito, estuviesen mas confiados.

7Y con esto vió tu pueblo á un mismo tiempo la salvacion de los justos, y el esterminio de los malvados.

8Que asi como castigaste á los enemigos, asi á nosotros nos ensalzaste llamándonos á tu servicio.

9Porque los justos israelitas, hijos de los santos Patriarcas, te ofrecian en secreto el sacrificio del cordero, y de comun acuerdo establecieron esta ley de justicia, que los justos se ofrecian recibir igualmente los bienes como los males; cantando ya los himnos de los Patriarcas.

10Mientras tanto resonaban los desentonados gritos de los enemigos, y oíase el llanto de los que se lamentaban por la muerte de los niños:

11estando afligidos con la misma pena el esclavo y el amo, y padeciendo el mismo castigo el hombre plebeyo que el Rey.

12Todos pues igualmente tenian el dolor de ver innumerables muertos, que habian perecido con el mismo genero de muerte; ni ya bastaban los vivos para enterrarlos; pues en un momento fué estirpada la mas noble porcion de su prole.

13Entónces los que ántes á ninguna cosa creian (por engaño de los hechiceros) luego que acaeció el esterminio de los primogénitos, reconocieron que aquel era el pueblo de Dios.

14Y cuando un tranquilo silencio ocupaba todas las cosas, y la noche, siguiendo su curso, se hallaba en la mitad del camino,

15tu omnipotente palabra, ó Señor, desde el cielo, desde tu Real solio, cual terrible campeon, saltó de repente en medio de la tierra condenada al esterminio;

16y con una aguda espada que traia tu irresistible decreto, á su llegada derramó por todas partes la muerte; y estando sobre la tierra alcanzaba hasta el cielo.

17Entónces visiones de sueños funestos los llenaron de turbacion, y sobrecogiéronles imprevistos temores.

18Y arrojados medio muertos unos en una parte, otros en otra, mostraban la causa de su muerte;

19porque las mismas fantasmas que les habian turbado, les habian antes advertido de esto, á fin de que no muriesen sin saber la causa del castigo que padecian.

20Tambien los justos ó israelitas estuvieron un tiempo en peligro de muerte; y la muchedumbre esperimentó calamidades en el Desierto; pero no duró mucho tu enojo.

21Porque acudió á toda priesa un varon irreprensible á interceder por el pueblo: embrazó Aaron el escudo de su sagrado ministerio, la oracion; y presentando con el incienso la súplica contrastó á la ira, y puso fin al azote, mostrando ser siervo tuyo.

22Calmó luego el desórden, no con las fuerzas del cuerpo, ni con el poder de las armas, sino con la sola palabra desarmó al ángel esterminador que le afligia, haciendo presente á Dios los juramentos y alianza hecha con los Patriarcas;

23porque cuando ya caian á montones los muertos unos sobre otros, se puso Aaron de por medio, y cortó la cólera, y le impidió el pasar hácia los vivos.

24Por cuanto en la vestidura talar que llevaba, estaba simbolizado todo el mundo; como tambien los gloriosos nombres de los Patriarcas estaban esculpidos en los cuatro órdenes de piedras, y grabado en la tiara de su cabeza tu grande é inefable Nombre.

25A estas cosas pues cedió el Esterminador, y respetólas; pues bastaba ya esta sola muestra del enojo de Dios.

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