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Foto: Salto Ángel · Venezuela

2 Macabeos 11

Salto Ángel · Venezuela · Foto: Paulo Capiotti · CC BY-SA 2.0

1Pero poco tiempo despues Lysias, ayo del Rey, y su pariente, que tenia el manejo de los negocios del reino, sintiendo mucho pesar por lo que habia acaecido,

2juntó ochenta mil hombres de á pié, y toda la caballería, y se dirigió contra los judíos con el designio de tomar la ciudad de Jerusalen, y de darla á los gentiles para que la poblasen,

3y de sacar del Templo grandes sumas de dinero, como hacia de los otros templos de los paganos, y vender anualmente el Sumo sacerdocio:

4sin reflexionar en el poder de Dios, sino confiando neciamente en su numerosa infanteria, en los miles de caballos, y en ochenta elefantes.

5Y habiendo entrado en Judéa, y acercádose á Bethsura, situada en una garganta á cinco estadios de Jerusalem, atacó á esta plaza.

6Pero luego que el Macabéo y su gente supieron que los enemigos habian comenzado á sitiar las fortalezas, rogaban al Señor con lágrimas y suspiros, á una con todo el pueblo, que enviase un ángel bueno para que salvase á Israel.

7Y el mismo Macabéo, tomando las armas el primero de todos, exhortó á los demas á esponerse como él á los peligros, á fin de socorrer á sus hermanos.

8Mientras pues que iban marchando todos con ánimo denodado, se les apareció, al salir de Jerusalem, un personage á caballo, que iba vestido de blanco, con armas de oro, y blandiendo la lanza.

9Entónces todos á una bendijeron al Señor misericordioso, y cobraron nuevo aliento, hallándose dispuestos á pelear, no solo contra los hombres, sino hasta contra las bestias mas feroces, y á penetrar muros de hierro.

10Caminaban con esto llenos de ardimiento, teniendo en su ayuda al Señor, que desde el cielo hacia resplandecer sobre ellos su misericordia.

11Así que, arrojándose impetuosamente como leones sobre el enemigo, mataron once mil de á pié, y mil y seiscientos de á caballo;

12y pusieron en fuga á todos los demas, la mayor parte de los cuales escaparon heridos y despojados de sus armas, salvándose el mismo Lysias por medio de una vergonzosa fuga.

13Y como no le faltaba talento, meditando para consigo la pérdida que habia tenido, y conociendo que los hebréos eran invencibles cuando se apoyaban en el socorro del Dios Todopoderoso, les envió comisionados;

14y les prometió condescender en todo aquello que fuese justo, y que persuadiria al Rey á que hiciese alianza ó amistad con ellos.

15Asintió el Macabéo á la demanda de Lysias, atendiendo en todo á la utilidad pública; y con efecto concedió el Rey todo lo que habia pedido Judas á favor de los judíos en la carta que escribió á Lysias.

16La carta que Lysias escribió á los judíos era del tenor siguiente: Lysias al pueblo de los judios, Salud.

17Juan y Abesalom, vuestros enviados, al entregarme vuestro escrito me pidieron que hiciese lo que ellos proponian.

18Por tanto espuse al Rey todo lo que podia representársele, y ha otorgado cuanto le ha permitido el estado de los negocios.

19Y si vosotros guardais fidelidad en lo tratado, yo tambien procuraré en lo sucesivo proporcionaros el bien que pudiere.

20Por lo que hace á los demas asuntos he encargado á vuestros diputados, y á los que yo envio, que á boca traten de cada uno de ellos con vosotros.

21Pasadlo bien. A veinte y cuatro del mes de Dioscoro del año ciento y cuarenta y ocho.

22La carta del Rey decia asi: El Rey Antíoco á Lysias su hermano, Salud.

23Despues que el Rey, nuestro padre, fué trasladado entre los dioses, Nos, deseando que nuestros súbditos vivan en paz, y puedan atender á sus negocios;

24y habiendo sabido que los judíos no pudieron condescender á los deseos que tenia mi padre de que abrazasen los ritos de los griegos, sino que han querido conservar sus costumbres, y por esta razon nos piden que les concedamos vivir segun sus leyes:

25por tanto, queriendo Nos que esta nacion viva tambien en paz, como las otras, hemos ordenado y decretado que se les restituya el libre uso del Templo, á fin de que vivan segun las costumbres de sus mayores.

26En esta conformidad harás bien en enviarles comisionados para hacer con ellos la paz, á fin de que enterados de nuestra voluntad esten de buen ánimo, y se apliquen á sus intereses particulares.

27La carta del Rey á los judíos era del tenor siguiente: El Rey Antíoco, al Senado de los judíos, y á todos los demas judíos, Salud.

28Si estais buenos, esto es lo que os deseamos: por lo que hace á Nos, lo pasamos bien.

29Menelao ha venido á Nos para hacernos presente que deseais venir á tratar con los de vuestra nacion que estan acá con nosotros.

30Por tanto damos pasaporte de seguridad para aquellos que harán el viage hasta el dia treinta del mes de Xántico:

31y permitimos á los judíos que usen de sus viandas como quieran, y vivan segun sus leyes como ántes; sin que ninguno pueda ser molestado por razon de las cosas ó faltas hechas por ignorancia.

32Y finalmente os hemos enviado á Menelao para que lo trate con vosotros.

33Pasadlo bien. A quince del mes de Xántico del año ciento y cuarenta y ocho.

34Asimismo los romanos enviaron tambien una carta en estos términos: Quinto Memmio, y Tito Manilio, legados de los romanos, al pueblo de los judíos, Salud.

35Las cosas que os ha concedido Lysias, pariente del Rey, os las concedemos igualmente nosotros;

36y por lo que hace á las otras, sobre las cuales juzgó Lysias deber consultar al Rey, enviad cuanto ántes alguno, despues que hayais conferenciado entre vosotros, á fin de que resolvamos lo que os sea mas ventajoso; pues estamos para marchar hácia Antioquia.

37Dáos pues priesa en responder, para que sepamos de este modo lo que deseais.

38Pasadlo bien. A quince del mes de Xántico, del año ciento y cuarenta y ocho.

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