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Foto: Río Lukenie · República Democrática del Congo

2 Macabeos 15

Río Lukenie · República Democrática del Congo · Foto: Valerius Tygart · CC BY-SA 3.0

1Luego que Nicanor tuvo noticia que Judas estaba en tierra de Samaría, resolvió acometerle con todas sus fuerzas en un dia de sábado.

2Y como los judíos que por necesidad le seguian, le dijesen: No quieras hacer una accion tan feroz y bárbara como esa; mas honra la santidad de este dia, y respeta á aquel Señor que ve todas las cosas:

3preguntóles aquel infeliz si habia en el cielo algun Dios poderoso que hubiese mandado celebrar el sábado.

4Y contestándole ellos: Sí, el Señor Dios vivo y poderoso que hay en el cielo, es el que mandó guardar el dia séptimo.

5Pues yo, les replicó él, soy poderoso sobre la tierra, y mando que se tomen las armas, y que se ejecuten las órdenes del Rey. Mas á pesar de eso, no pudo Nicanor conseguir sus designios:

6siendo asi que habia ideado ya, en el delirio de su soberbia, erigir un troféo en memoria de la derrota de Judas y de su gente.

7En medio de esto, el Macabéo esperaba siempre con firme confianza que Dios le asistiria con su socorro;

8y al mismo tiempo exhortaba á los suyos que no temiesen el encuentro de las naciones, sino que ántes bien trajesen á la memoria la asistencia que otras veces habian recibido del cielo, y que al presente esperasen tambien que el Todopoderoso les concederia la victoria.

9Y dándoles igualmente instrucciones sacadas de la Ley y de los Profetas, y acordándoles los combates que ántes habian ellos sostenido, les infundió nuevo aliento.

10Inflamados de esta manera sus ánimos, les ponia igualmente á la vista la perfidia de las naciones, y la violacion de los juramentos.

11Y armó á cada uno de ellos, no tanto con darle escudo y lanza, como con admirables discursos y exhortaciones, y con la narracion de una vision muy fidedigna que habia tenido en sueños, la cual llenó á todos de alegria.

12Esta fué la vision que tuvo: Se le representó que estaba viendo á Onías, Sumo sacerdote, que habia sido hombre lleno de bondad y de dulzura, de aspecto venerando, modesto en sus costumbres, y de gracia en sus discursos, y que desde niño se habia ejercitado en la virtud; el cual, levantadas las manos, oraba por todo el pueblo judáico.

13Que despues se le habia aparecido otro varon, respetable por su ancianidad, lleno de gloria, y circuido por todos lados de magnificencia;

14y que Onías, dirigiéndole la palabra, le habia dicho: Este es el verdadero amante de sus hermanos y del pueblo de Israel; este es Jeremías, Profeta de Dios, que ruega incesantemente por el pueblo y por toda la ciudad santa.

15Que luego Jeremías estendió su derecha, y entregó á Judas una espada de oro, diciéndole:

16Toma esta santa espada, como don de Dios, con la cual derribarás los enemigos de mi pueblo de Israel.

17Animados pues todos con estas palabras de Judas, las mas eficaces para avivar el valor, é infundir nuevo aliento en la juventud, resolvieron atacar y combatir vigorosamente á los enemigos, de modo que su esfuerzo decidiese la causa: pues asi el Templo como la ciudad santa estaban en peligro.

18Y á la verdad menos cuidado pasaban por sus mugeres, por sus hijos, por sus hermanos, y por sus parientes, que por la santidad del Templo, que era lo que les causaba el mayor y principal temor.

19Asimismo los que se hallaban dentro de la ciudad, estaban en grande sobresalto por la suerte de aquellos que iban á entrar en batalla.

20Y cuando ya todos estaban aguardando la decision del combate, estando ya á la vista los enemigos, el ejército formado en batalla, y los elefantes y caballería colocados en los lugares oportunos:

21considerando el Macabéo la multitud de hombres que venia á dejarse caer sobre ellos, y el vario aparato de armas, y la ferocidad de los elefantes, levantó las manos al cielo, invocando aquel Señor que obra los prodigios; á aquel que, no segun la fuerza de los ejércitos, sino segun su voluntad, concede la victoria á los que la merecen.

22E invocóle de esta manera: ¡O Señor! Tú que en el reynado de Ezequías, rey de Judá, enviaste uno de tus ángeles, y quitaste la vida á ciento y ochenta y cinco mil hombres del ejército de Sennaquerib,

23envia tambien ahora, ó Dominador de los cielos, á tu ángel bueno que vaya delante de nosotros, y haga conocer la fuerza de tu terrible y tremendo brazo;

24á fin de que queden llenos de espanto los que, blasfemando del nombre tuyo, vienen contra tu santo pueblo. Asi terminó su oracion.

25Entretanto venia Nicanor marchando con su ejército al son de trompetas y de canciones.

26Mas Judas y su gente, habiendo invocado á Dios por medio de sus oraciones, acometieron al enemigo;

27y orando al Señor en lo interior de sus corazones, al mismo tiempo que, espada en mano, cargaban sobre sus enemigos, mataron no ménos de treinta y cinco mil, sintiéndose sumamente confortados con la presencia de Dios.

28Concluido el combate, al tiempo que llenos de gozo se volvian ya, supieron que Nicanor con sus armas yacia tendido en el suelo.

29Por lo que, alzándose al instante una grande griteria y estrépito, bendecian al Señor Todopoderoso en su nativo idioma.

30Judas empero que estaba siempre pronto á morir ó á dar su cuerpo y vida por sus conciudadanos, mandó que se cortase la cabeza y el brazo, junto con el hombro, á Nicanor, y que se llevasen á Jerusalem.

31Asi que él llegó á esta ciudad, convocó cerca del altar á sus conciudadanos y á los sacerdotes, é hizo llamar tambien á los del alcázar;

32y habiéndoles mostrado la cabeza de Nicanor, y aquella su execrable mano, que con tanto orgullo é insolencia habia levantado contra la morada santa de Dios Todopoderoso,

33mandó luego que la lengua de este impío fuese cortada en menudos trozos, y arrojada despues para pasto de las aves; y que se colgara enfrente del Templo la mano de aquel insensato.

34Con esto bendijeron todos al Señor del cielo, diciendo: Bendito sea el que ha conservado exento de la profanacion su santo Templo.

35Asimismo hizo colgar la cabeza de Nicanor en lo mas alto del alcázar, para que fuese una señal visible y patente de la asistencia de Dios.

36Finalmente todos unánimes resolvieron que de ningun modo se debia pasar este dia sin hacer en él una fiesta particular;

37y se dispuso que se celebrase esta solemnidad el dia trece del mes llamado en lengua siriaca Adar, dia anterior al dia festivo de Mardoquéo.

38Ejecutadas pues estas cosas en órden á Nicanor, y hechos dueños los hebréos desde entónces de la ciudad, acabaré yo tambien con esto mi narracion.

39Si ella ha salido bien, y cual conviene á una historia, es ciertamente lo que yo deseaba; pero si, por el contrario, está escrita de una manera ménos digna del objeto, se me debe disimular la falta.

40Pues asi como es cosa dañosa, ó repugnante, el beber siempre vino, ó siempre agua, al paso que es grato el usar ora de uno, ora de otro: asi tambien un discurso gustaria poco á los lectores, si el estilo fuese siempre muy peinado y uniforme. Y con esto doy fin.

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