Alegoría
Allegory
Easton, 1897
Se usa solo en Gálatas 4:24, donde el apóstol se refiere a la historia de Isaac, el nacido libre, e Ismael, el nacido esclavo, y se sirve de ella alegóricamente.
Toda parábola es una alegoría. Natán (2 Samuel 12:1-4) se dirige a David con una narración alegórica. En el salmo ochenta hay una hermosa alegoría: «Hiciste venir una vid de Egipto», etc. En Eclesiastés 12:2-6 hay una llamativa descripción alegórica de la vejez.
Torres Amat, 1823
Discurso que debajo del sentido literal, encierra otro figurado menos fácil de entender. Voz que viene de las dos griegas allee agoreoo, hablo diferentemente. Cuando este sentido figurado mira á las costumbres, se llama tropológico, y cuando se refiere á las recompensas de la otra vida anagógico. Esos sentidos figurados á veces no los conoceria el mismo escritor sagrado, ni Dios los descubre á los hombres; sino cuando y como conviene á las inescrutables miras de su sábia Providencia. En Oriente ha sido siempre mas comun que entre nosotros el hablar con alegorias, y aun el espresar tambien con acciones alegóricas lo que se quiere imprimir bien en la mente de los oyentes; y asimismo con geroglíficos y figuras. Por eso Dios mandaba á los profetas que hablasen con ciertas acciones y signos, que ahora mudados los tiempos y costumbres, tachan de ridículas algunos filósofos superficiales é impíos de las naciones europeas; sin querer observar que lo mismo se lee en los escritos de los antiguos sabios del Oriente. Es muy admirable la alegoria con que Salomon, inspirado de Dios, quiso pintar el amor intenso de Jesu-Cristo á su Iglesia bajo la figura de sus bodas con la hija del rey de Egipto, segun se cree. Véase Parábola. El sentido literal es el que primeramente debe descifrarse y aclararse en los testos de la Escritura; pues es el fundamento y orígen de los místicos ó espirituales. En todos tiempos se ha abusado de la Escritura, pretendiendo hallar sentido espiritual donde no le hay; pero sobre todo, acomodando cada cual las palabras de Dios á su particular opinion ó capricho, violentando su natural sentido, y profanando y ridiculizando las palabras de Dios.
Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).