Jesu-cristo
Torres Amat, 1823
El Hijo de Dios hecho hombre, el Redentor y Salvador del género humano. Nombre compuesto de la voz griega Iesus, la cual se deriva de la hebréa Yexuanj, que quiere decir Salvador, y de la palabra griega Christos, que significa Ungido. Para la inteligencia de muchos lugares de la Escritura debe tenerse siempre presente, que habiendo en Cristo dos naturalezas, Divina y humana, pueden decirse de él algunas cosas segun la una, que no podrian decirse segun la otra. Yo y el Padre somos una misma cosa. (Juan 10:30.) Aqui hablaba Jesus segun su naturaleza Divina. El Padre es mayor que yo (Marcos 8:31.) Entonces hablaba segun su naturaleza humana, ó en cuanto era hombre. Asi se dice que Jesu-Cristo fué predestinado á ser Hijo de Dios. Romanos 1:4. Convienen pues á Jesu-Cristo muchas cosas por la naturaleza Divina; que no podrian decirse de él, si solamente fuese puro hombre. Y eso es lo que los teólogos llaman comunicacion de idiomas ó de locuciones. La Divinidad de Jesu-Cristo se ve claramente en la historia de su vida y acciones, y en la doctrina que enseñó. Anunciado por una série de profecías desde el principio del mundo, (V. Profecías) esperado de los judíos, y aun de las naciones gentiles, precedido de un precursor santísimo cual fué el Bautista, y de varios prodigios que anuncian su llegada; nace Jesus en Judéa, donde es conocido por hijo de la familia de David, y en Belen, como estaba predicho por los Profetas, y segun creian que debia nacer el Mesías los Doctores de la Ley, ó sábios maestros de Israel. Predica que llegó el reino de los cielos; pero advierte que su reino no es de este mundo. Juan 18:36. Prueba su mision Divina, y confirma su doctrina con una muchedumbre asombrosa de milagros: multiplica panes, cura enfermos, resucita muertos, calma las tempestades, anda sobre las aguas, da á sus discípulos la potestad de hacer milagros. Todos estos prodigios los hace sin vanidad ni afectacion: antes bien rehusa hacerlos cuando se los piden por vanidad, ó tambien en castigo de los que se obstinan en no querer creerle; y los hace siempre que se lo ruegan con confianza y docilidad. Los impostores ejecutan sus prestigios para admirar á los hombres y seducirlos: Jesus obra los prodigios para socorrer y consolar á los pobres, para instruir á las gentes, y hacerlas buenas y santas. Las curaciones que hacia eran evidentemente sobrenaturales. La naturaleza de las enfermedades que curaba, no permitia dolo ni fraude: una mano seca, varios paralíticos, uno de ellos conocido por tal treinta años habia; ciegos de nacimiento, maniáticos sumamente violentos, ó poseidos del demonio como nosotros creemos. Estas curaciones eran repentinas, y hechas á los ojos de sus terribles enemigos, los cuales veian que los enfermos recobraban la salud súbitamente, sin pasar por la convalecencia. Para curar no usaba Jesus de preparativos, ni de aparejo alguno. Por todas partes donde hallaba enfermos, ora en los campos, ora en las ciudades, alli ejercia su virtud; y eso en medio del dia, á la vista de todos, sin emplear remedios ni ceremonias capaces de exaltar la imaginacion de los enfermos, ni de los que estaban presentes: una sola palabra, un simple tocar bastaba: á veces los curaba estando ausentes ó distantes, sin verlos, ni acercarse á ellos. Tal modo de curar no puede ser natural, no puede ser sospechoso: ha de ser obra de Dios. Los mismos Escribas y Fariséos, á pesar del odio que tenian á Jesus porque reprendia sus vicios é hipocresías, jamas se atrevieron á negar estos prodigios, sino que los atribuyeron á la virtud del demonio. Otros han dicho despues que los obraba con la pronunciacion del inefable nombre de Jehová. Jamas se ha acusado de falsa la narracion que de ellos han hecho los Evangelistas. Jesus, lejos de dar ningun indicio de impostura, prohibió severamente á sus discípulos toda especie de mentira, de fraude, de dolo: desafió públicamente á los judíos á que le acusasen sobre eso. Y el castigo terrible que dió el Señor al principio de la Iglesia á los dos discípulos ó fieles, Ananías y Safira, fué por una falta (que quizá fué leve) solamente por ser opuesta al espíritu de una religion que detesta aun la sombra de mentira é hipocresía. La doctrina que Jesu-Cristo enseña y manda creer es sublime, es superior á la razon humana; y á pesar de eso, no disputa, como hacen los filósofos ó sábios del mundo al introducir algun sistema; sino que, como quien tiene una autoridad Divina, manda creer lo que él dice. La moral que enseña ó manda seguir, es pura y severa; pero sencilla y al alcance del pueblo: no es una ciencia profunda, dificil de que el vulgo la entienda. Dulce y afable, indulgente, misericordioso, caritativo, amigo de los pobres y desvalidos, ni afecta una elocuencia fastuosa, ni un rigorismo escesivo, ni unas costumbres austeras, ni un aire reservado y misterioso: promete la paz, esto es, la felicidad á los que practicaren su doctrina. En todo no mira mas que la gloria de Dios su Padre, la santificacion de los hombres, y la salud y felicidad del mundo. Paciente hasta el heroismo, modesto y tranquilo en medio de los oprobios y tormentos, los sufre sin debilidad; pero sin jactancia ni ostentacion: no desea vengarse de sus enemigos, sino convertirlos. Clavado en una cruz en medio de dos ladrones, cubierto de oprobios, ruega á Dios que perdone á sus acusadores, á sus jueces, á sus verdugos: deja al cielo el cuidado de publicar su inocencia. Si Dios ha podido tomar carne humana, parece que no podia hacerlo de otra manera, decia un filósofo del siglo pasado. Por lo mismo que Jesus murió como Dios, esto es, probando que el hombre que moria era Dios, debia resucitar despues de muerto. Asi lo hizo efectivamente. Es verdad que al salir del sepulcro no fué á presentarse á sus enemigos. Mas aun cuando se hubiese aparecido á los mismos sacerdotes y fariséos fanáticos y obstinados, estos lo hubieran atribuido al arte mágica, ó hubieran dudado de su crucifixion y muerte. Ya en varias ocasiones, no pudiendo negar sus milagros, los atribuyeron á la virtud de Beelzebú ó del demonio. Antes de morir habia prometido Jesus que resucitaria al tercer dia, y que enviaria despues su Espíritu á sus Apóstoles: la conducta y milagros de estos atestiguaron luego con evidencia el cumplimiento de la promesa. Predijo que la nacion judaica seria destruida con su templo; y este terrible castigo ó destruccion dura todavia despues de 18 siglos, con admiracion y asombro hasta de los incrédulos. Predijo que el Evangelio se predicaria por todo el orbe: que de los judíos y gentiles se formaria un solo rebaño ó Iglesia, y que esta duraria hasta el fin del mundo, convirtiéndose entonces los judíos. Anunció que su doctrina seria combatida y contrariada; profecía que cumplen los mismos que se burlan y contradicen al Evangelio. ¿Qué ha habido en el mundo comparable con Jesu-Cristo y el establecimiento de su Iglesia? Si se compara Jesus con los fundadores de las falsas religiones ó sectas, aparece entonces aun mas claramente su Divinidad. La mayor parte de los coriféos de las sectas religiosas, no hicieron mas que corroborar el detestable politeismo ó idolatría. Muchos de ellos eran conquistadores que introducian su doctrina con la punta de la espada. Los mas, ó eran ya soberanos, ó eran á lo menos gente principal y respetada de los demas hombres, y todos emplearon la fuerza para hacerse obedecer. Pero Jesus no tuvo otro ascendiente que su virtud, su sabiduría, sus milagros. Los demas fundadores de sectas han dejado las mismas costumbres, leyes y vicios en los pueblos; pero la voz de Jesus por medio de doce pobres pescadores, de doce hombres rústicos é ignorantes, ha mudado la faz de todo el orbe, y las leyes y costumbres de las naciones que se han convertido; siendo las primeras en abrazar la doctrina del Evangelio las dos mas sabias y civilizadas, Grecia y Roma. Los mismos impíos é incrédulos de mayor talento, al hablar de Jesu-Cristo, se han visto como embarazados, y han tenido que confesar que Jesus ha sido el varon mas grande y admirable, el hombre mas sabio y benéfico que ha habido en el mundo: han dicho que es el que mas se ha asemejado á Dios. Mas este hombre (les diremos) tan grande y admirable, tan benéfico, tan sabio y humilde, tan paciente y sufrido, tan enemigo de la mentira é hipocresía, dijo claramente que él era Dios, y permitió que le confesasen tal, y que como á tal le adorasen. (Juan 5:23. Juan 10:33. Joan. XX. 28. Mateo 26:63. Filipenses 2:6.) Si Jesus no hubiese sido verdadero Dios, hé aquí una conducta mas criminal y abominable que la de todos los impostores y malvados que ha habido en el mundo: blasfemia que ningun hombre de talento se ha atrevido á proferir, sino en algun arrebato, ó frenético delirio de sus pasiones; y haciendo traicion á su interior conocimiento. Y no solamente habria usurpado Jesus los atributos de la Divinidad, sino que hubiera querido hacer víctima de sus blasfemias á sus sencillos discípulos. No hay medio: ó Jesu-Cristo es Dios, ó es preciso que fuese un malhechor, que mereció bien el suplicio á que le condenaron los judíos. Por eso, desesperados de poder responder á este dilema algunos impíos, se han hecho atéos, á lo menos de boca, y han vomitado mil absurdas blasfemias contra Jesus, pintándole como un fanático, ambicioso, imbécil. Pero entonces han caido en otro igual ó mayor embarazo, para esplicar como el fanatismo puede inspirar virtudes tan dulces, tan pacíficas, tan pacientes, tan sábias como las que nos inspiró Jesu-Cristo. Por otra parte cualquiera que crea que hay Dios, verdad que solamente los vicios hacen espantosa al ateista, el cual no quisiera mas vida que la del cuerpo, y verdad que el entendimiento no puede contrariar; cualquiera, digo, que crea en Dios que gobierna este mundo, ¿cómo se persuadirá nunca que el Criador haya querido valerse de un impostor fanático y blasfemo para establecer una doctrina tan santa, una moral tan pura y sublime, una religion la mas á propósito para hacer felices á los hombres, aun en esta vida? El que niega la Divinidad de Jesu-Cristo, porque no cree que haya Dios, es siempre, como dice S. Agustin, un vicioso, un malvado; al cual no tiene cuenta que haya quien pueda castigar sus injusticias y desórdenes, en la otra vida, ó despues de muerto. Si Jesu-Cristo hubiese sido un fanático impostor, se habria traslucido por algun lado su falso zelo é impostura. Porque una pasion violenta de gloria, de ambicion etc., móvil de todo impostor, no deja siempre al hombre tan sereno y tan sobre sí, que no se trasluzca en alguna ocasion. Jesu-Cristo jamas desmintió su carácter sumamente contrario á toda impostura. En suma, si Jesu-Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre, todo está acorde en su conducta, todo se entiende; pero si no es Dios y hombre verdadero, nos vemos en un caos mas obscuro é ininteligible que los mismos misterios de la religion cristiana, que los incrédulos rehusan creer. Finalmente, las falsas religiones ó sectas se han adoptado por los pueblos, ya por estar estos muy prevenidos á favor de las nuevas opiniones, ya por una estima y veneracion ciega hácia su fundador, ora porque éste adulaba y fomentaba con su doctrina la vanidad y preocupaciones nacionales, ora porque favorecia sus vicios y pasiones, ora en fin por medio de la fuerza y del terror. Pero la religion de Jesu-Cristo solamente se introdujo por medio de la conviccion de la verdad de los hechos ó prodigios que se alegaban, por la certeza de la mision Divina de su autor que inspiraban sus mismos hechos y doctrina, y por el puro amor á la virtud; y se introdujo contrariando terriblemente las pasiones mas vivas y favoritas de los hombres, y las doctrinas y máximas mas arraigadas y veneradas del mundo; y á pesar de los suplicios mas espantosos con que procuraron impedirlo los Emperadores y Reyes mas poderosos de la tierra. De todo lo dicho se infiere que aun la luz de la razon natural, cuando las pasiones estan en calma, persuade la Divinidad de Jesu-Cristo. Véase Cristo, Venida, Profecías etc.
Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).