Predestinación
Predestinar · Elección · Predestination
Easton, 1897
Esta palabra se usa propiamente solo con referencia al plan o propósito de salvación de Dios. La palabra griega traducida «predestinar» se halla solo en estos seis pasajes: Hechos 4:28; Romanos 8:29, Romanos 8:30; 1 Corintios 2:7; Efesios 1:5, Efesios 1:11; y en todos ellos tiene el mismo significado. Enseñan que el decreto eterno, soberano, inmutable e incondicional, o «determinado propósito», de Dios gobierna todos los acontecimientos.
Esta doctrina de la predestinación o elección está rodeada de muchas dificultades. Pertenece a las «cosas secretas» de Dios. Pero si tomamos la palabra revelada de Dios como guía, debemos aceptar esta doctrina con todo su misterio y resolver todas nuestras preguntas en el humilde y devoto reconocimiento: «Sí, Padre, porque así te agradó».
Para la enseñanza de la Escritura sobre este asunto, examínense los siguientes pasajes además de los ya mencionados: Génesis 21:12; Éxodo 9:16; Éxodo 33:19; Deuteronomio 10:15; Deuteronomio 32:8; Josué 11:20; 1 Samuel 12:22; 2 Crónicas 6:6; Salmos 33:12; Salmos 65:4; Salmos 78:68; Salmos 135:4; Isaías 41:1-10; Jeremías 1:5; Marcos 13:20; Lucas 22:22; Juan 6:37; Juan 15:16; Juan 17:2, Juan 17:6, Juan 17:9; Hechos 2:28; Hechos 3:18; Hechos 4:28; Hechos 13:48; Hechos 17:26; Romanos 9:11, Romanos 9:18, Romanos 9:21; Romanos 11:5; Efesios 3:11; 1 Tesalonicenses 1:4; 2 Tesalonicenses 2:13; 2 Timoteo 1:9; Tito 1:2; 1 Pedro 1:2. (Véanse Decretos de Dios; Election.)
Hodge ha observado acertadamente que, «bien entendida, esta doctrina
(1) exalta la majestad y la soberanía absoluta de Dios, a la vez que ilustra las riquezas de su gracia gratuita y su justo desagrado contra el pecado. (2.) Nos hace ver la verdad esencial de que la salvación es enteramente por gracia. Que nadie puede quejarse si es pasado por alto, ni jactarse si es salvo. (3.) Lleva al que indaga a la desesperación absoluta de sí mismo y a abrazar de corazón la oferta gratuita de Cristo. (4.) En el caso del creyente que tiene el testimonio en sí mismo, esta doctrina profundiza a la vez su humildad y eleva su confianza hasta la plena seguridad de la esperanza» (Outlines).
Torres Amat, 1823
Predestinar es dirigir ó destinar alguna cosa á un cierto y determinado fin, de antemano, ó antes que ella exista; y asi la accion con que Dios destina al hombre á la gloria eterna, ó antes, á la verdadera Iglesia, se llama predestinacion. S. Agustin la define de esta manera: «Es una presciencia, y preparacion de los beneficios de Dios, con los cuales certísimamente son libertados todos aquellos que se libertan.» Es la predestinacion un decreto de Dios, un acto de la voluntad Divina, con el cual Dios desde la eternidad determinó conducir á las criaturas que quiso, por medio de la gracia, á la vida eterna, ó bienaventuranza de la gloria. Como esta es un objeto, ó fin sobrenatural, y tan superior á la naturaleza y capacidad del hombre, al cual él no puede aspirar por sí, ni llegar con sus propias fuerzas, es necesaria una gracia, ó un auxilio sobrenatural. La causa eficiente de la predestinacion es solamente el beneplácito ó buena voluntad de Dios. (Efesios 1:5.) La causa final es la gloria de Dios, la que todos alabemos eternamente. Disputan los teólogos si la predestinacion á la gloria es puramente gratuita, ó si supone la prevision de los méritos que el hombre contrae con el auxilio de la gracia. Pero todos convienen, como en una verdad de fe, que la predestinacion á la gracia es un puro efecto de la bondad y misericordia de Dios, sin ninguna relacion ó miramiento á mérito nuestro, ni al buen uso que despues hace la criatura de la gracia de Dios. Lejos de ser dignos de merecer la gracia, nos hicimos indignos de ella por el pecado original. Jesu-Cristo nos hizo dignos de la gloria, y por consiguiente de la gracia para poder alcanzarla, haciéndonos hijos adoptivos de Dios, y librándonos del imperio que el demonio habia adquirido sobre nosotros por el pecado: todo esto por los méritos infinitos que contrajo en su pasion y muerte. Murió por todos; pero no todos se aprovechan de este inmenso beneficio: antes bien, muchos abusando de su libre albedrío, ó voluntad, don que deben al Criador, desprecian las riquezas de la gracia de Jesu-Cristo. Mas no asi aquellos que son del número de los predestinados á la gloria. Esta predestinacion, efecto de la gratuita eleccion de Dios, es un misterio impenetrable. Solamente es cierto, que los que se condenan, se condenan por su culpa, por no querer aprovecharse de la luz de la gracia. La malicia del hombre es la que desecha la gracia de Dios. Pero no procede de la virtud del hombre el recibirla y aprovecharse de ella, sino que es esto un puro efecto de la misericordia de Dios: no alcanza la gloria, sino aquel de quien Dios se apiada. El gran consejo que nos da S. Pedro es, que sin querer escudriñar este arcano procuremos hacer buenas obras, y asegurar con ellas nuestra salvacion. El obrar bien ó mal, sin duda está en nuestra mano: cada cual conoce en su interior, que cuando peca es porque quiere; y que si hace alguna cosa no queriendo, y solamente obligado de la fuerza, ya no peca. De consiguiente el ir al cielo depende de nosotros: supuesto que nunca niega Dios al que se lo pide, los auxilios para conseguirlo. Y de aqui se sigue, que si la predestinacion á la gloria, que es un bien á que el hombre por sí no podia aspirar, es un beneficio ó efecto de la pura misericordia de Dios; la reprobacion, ó el ser destinado el hombre á las penas del infierno, es siempre por los pecados que comete en su vida, despreciando la gracia con que Dios le convida, ya la interior, ya las esteriores, esto es, la predicacion de la palabra Divina, los Sacramentos, y demas medios ordinarios y estraordinarios de que se vale Dios para llamar á penitencia á los pecadores.
Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).