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Versión

Versiones de la Biblia · Traducción

Easton, 1897

Una traducción de las santas Escrituras. Esta palabra no se encuentra en la Biblia; sin embargo, como en esta obra se hacen frecuentes referencias a diversas versiones, tanto antiguas como modernas, conviene dar un breve relato de las más importantes. Estas versiones son una ayuda importante para la recta interpretación de la Palabra. (Véase Pentateuco Samaritano.)

1. Los Targumes. Después del regreso del cautiverio, los judíos, que ya no estaban familiarizados con el hebreo antiguo, necesitaron que sus Escrituras se tradujeran para ellos a la lengua caldea o aramea y se interpretaran. Estas traducciones y paráfrasis fueron al principio orales, pero después se pusieron por escrito, y así han llegado hasta nosotros los targumes, es decir, «versiones» o «traducciones». Los principales son: (1.) El Targum de Onkelos, es decir, el targum de Akelas=Aquila, llamado así para darle mayor popularidad comparándolo con la traducción griega de Aquila mencionada más adelante. Este targum se originó hacia el siglo II después de Cristo. (2.) El targum de Jonatán ben Uziel viene después del de Onkelos en antigüedad y valor. Es, sin embargo, más una paráfrasis de los Profetas que una traducción. Ambos targumes proceden de la escuela judía que entonces florecía en Babilonia.

2. Las versiones griegas. (1.) La más antigua de ellas es la Septuaginta, que suele citarse como LXX. El origen de esta, la más importante de todas las versiones, está envuelto en mucha oscuridad. Su nombre procede de la opinión popular de que setenta y dos traductores se emplearon en ella por orden de Ptolomeo Filadelfo, rey de Egipto, y que se terminó en setenta y dos días, para uso de los judíos que residían en ese país. No hay base histórica para esta opinión. Es, sin embargo, un hecho establecido que esta versión se hizo en Alejandría; que se comenzó hacia el 280 a. C. y se terminó hacia el 200 o el 150 a. C.; que fue obra de un número de traductores que diferían mucho tanto en su conocimiento del hebreo como del griego; y que desde los tiempos más antiguos ha llevado el nombre de «La Septuaginta», es decir, Los Setenta.

«Esta versión, con todos sus defectos, debe de ser del mayor interés, (a) porque conserva testimonio del texto mucho más antiguo que los manuscritos hebreos más antiguos; (b) como el medio por el que la lengua griega se unió al pensamiento hebreo; (c) como la fuente de la gran mayoría de las citas del Antiguo Testamento hechas por los escritores del Nuevo Testamento.

(2.) Los manuscritos del Nuevo Testamento se dividen en dos grupos: los unciales, escritos en mayúsculas griegas, sin distinción alguna entre las distintas palabras y muy poca incluso entre las líneas; y los cursivos, en letras griegas pequeñas y con separación de palabras y de líneas. El cambio entre los dos tipos de escritura griega tuvo lugar hacia el siglo X. Solo cinco manuscritos del Nuevo Testamento que se acercan a estar completos son más antiguos que esta fecha divisoria. El primero, designado con A, es el manuscrito Alejandrino. Aunque fue traído a este país por Cirilo Lucar, patriarca de Constantinopla, como regalo para Carlos I, se cree que fue escrito no en aquella capital, sino en Alejandría, de donde le viene el nombre. Ahora se fecha en el siglo V d. C. El segundo, conocido como B, es el manuscrito Vaticano. (Véase Códice Vaticano.) El tercero, C, o manuscrito de Efrén, se llama así porque fue escrito sobre los escritos de Efrén, autor teólogo sirio, práctica muy común en los días en que los materiales de escritura eran escasos y caros. Se cree que pertenece al siglo V, y quizá a una época algo anterior a la del manuscrito A. El cuarto, D, o manuscrito de Beza, se llama así porque perteneció al reformador Beza, que lo encontró en el monasterio de San Ireneo en Lyon en el año 1562 d. C. Es imperfecto y se fecha en el siglo VI. El quinto (llamado Aleph) es el manuscrito Sinaítico. (Véase Códice Sinaítico.)

3. Las versiones siríacas. (Véase Siríaco.)

4. Las versiones latinas. Una versión latina de las Escrituras, llamada la «Vetus Latina» (o «Antigua Latina»), que se originó en el norte de África, estaba en uso común en tiempos de Tertuliano (150 d. C.). De ella parece haber habido diversas copias o recensiones. La hecha en Italia, llamada la Itala, se consideraba la más exacta. Esta traducción del Antiguo Testamento parece haberse hecho no del hebreo original sino de la LXX.

Esta versión se corrompió mucho por las repetidas transcripciones, y para remediar el mal, Jerónimo (329-420 d. C.) fue requerido por Dámaso, obispo de Roma, para emprender una revisión completa de ella. Al principio encontró oposición, pero al fin, en el siglo VII, fue reconocida como la versión «Vulgata». Apareció impresa hacia el 1455 d. C., siendo el primer libro que salió de la imprenta. El Concilio de Trento (1546) la declaró «auténtica». Posteriormente sufrió varias revisiones, pero la que se ejecutó (1592) con el aval del papa Clemente VIII fue adoptada como base de todas las ediciones posteriores. Se considera el original sagrado en la Iglesia católica romana. Todas las versiones europeas modernas han sido más o menos influidas por la Vulgata. Esta versión lee ipsa en lugar de ipse en Génesis 3:15: «Ella te aplastará la cabeza».

5. Hay varias otras versiones antiguas que son importantes para los críticos bíblicos, pero que no necesitamos mencionar en particular, como la etíope, del siglo IV, a partir de la LXX; dos versiones egipcias, hacia el siglo IV, la menfítica, que circulaba en el Bajo Egipto, y la tebaica, destinada al Alto Egipto, ambas a partir del griego; la gótica, escrita en la lengua germánica pero con el alfabeto griego, por Ulfilas (muerto en 388 d. C.), de la cual solo quedan fragmentos del Antiguo Testamento; la armenia, hacia el 400 d. C.; y la eslava, en el siglo IX, para la antigua Moravia. Pueden mencionarse también otras versiones antiguas, como la árabe, la persa y la anglosajona.

6. La historia de las versiones inglesas comienza propiamente con Wyclif. Sin embargo, porciones de las Escrituras fueron vertidas al sajón (como el Evangelio según Juan, por Beda, 735 d. C.) y también al inglés (por Orme, llamado el «Ormulum», una porción de los Evangelios y de los Hechos en forma de paráfrasis métrica, hacia finales del siglo VII), mucho antes de Wyclif; pero a él corresponde el honor de haber traducido por primera vez toda la Biblia al inglés (1380 d. C.). Esta versión se hizo a partir de la Vulgata, y traduce Génesis 3:15 según esa versión: «Ella te pisará la cabeza» (en inglés antiguo, «She shall trede thy head»).

A esta siguió la traducción de Tyndale (1525-1531); la de Miles Coverdale (1535-1553); la de Thomas Matthew (1537), que en realidad fue obra de John Rogers, el primer mártir bajo el reinado de la reina María. Esta fue propiamente la primera Versión Autorizada, pues Enrique VIII ordenó que se consiguiera un ejemplar de ella para cada iglesia. Esto ocurrió en menos de un año después de que Tyndale fuera martirizado por el crimen de traducir las Escrituras. En 1539 Richard Taverner publicó una edición revisada de la Biblia de Matthew. La Gran Biblia, llamada así por su gran tamaño, llamada también Biblia de Cranmer, se publicó en 1539 y 1568. En sentido estricto, la «Gran Biblia» es «la única versión autorizada; pues la Biblia de los Obispos y la Biblia actual [la A.V.] nunca tuvieron la sanción formal de la autoridad real». Siguieron en orden la versión de Ginebra (1557-1560); la Biblia de los Obispos (1568); las versiones de Reims y Douai, bajo auspicios católicos romanos (1582, 1609); la Versión Autorizada (1611); y la Versión Revisada del Nuevo Testamento en 1880 y del Antiguo Testamento en 1884.

Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).