1Entónces Judith dijo á todo el pueblo: Escuchadme, hermanos mios: Colgad esa cabeza en lo alto de nuestros muros;
2y asi que apunte el sol, tome cada uno sus armas, y salid con gran ruido, no para descender realmente abajo, sino aparentando que vais á acometerlos.
3Al momento irán las avanzadas á despertar á su comandante para el combate.
4Y cuando los capitanes corran al pabellon de Holofernes, y hallen á éste sin cabeza, revolcado en su propia sangre, quedarán poseidos de pavor.
5Vosotros empero advirtiendo que huyen, corred á su alcance sin ningun temor, porque el Señor hará que los holleis con vuestros pies.
6Entretanto Aquior viendo el prodigio que obró Dios á favor de Israel, abandonados los ritos gentílicos, creyó en Dios, y circuncidóse, y quedó incorporado en el pueblo de Israel, como lo está toda su descendencia hasta hoy dia.
7Asi pues que amaneció, colgaron la cabeza de Holofernes en lo alto de los muros, y cogiendo cada cual sus armas, salieron fuera con grande estruendo y algazara.
8Al ver esto las avanzadas, corrieron al pabellon de Holofernes.
9Los que estaban alli de guardia acercándose á la puerta de la cámara, hacian ruido para despertarle, procurando adrede interrumpirle el sueño, á fin de que sin ser llamado se dispertase con el ruido:
10y es que nadie osaba abrir, ni llamar á la puerta de la cámara del caudillo de los asirios.
11Pero habiéndose reunido alli los capitanes, y tribunos, y todos los oficiales generales del ejército del Rey de los asirios, dijeron á los camareros:
12Entrad y despertadle, porque han salido los ratones de sus agujeros, y tienen la osadia de provocarnos á batalla.
13Entónces Vagao, entrando en la cámara, se paró delante de la cortina, y dió palmadas con sus manos; pues se imaginaba que Holofernes estaba durmiendo con Judith.
14Pero aplicando el oido, y no percibiendo ni el mas leve movimiento, cual suele hacer una persona dormida, se arrimó mas á la cortina de la puerta, y alzándola, y viendo el cadáver de Holofernes sin cabeza, tendido en tierra, y bañado en su propia sangre, prorumpió en grandes gritos y lágrimas, y rasgó sus vestidos.
15Y habiendo entrado en el alojamiento de Judith, no la encontró. Con esto salió corriendo fuera á la gente,
16y dijo: Una muger hebréa ha cubierto de afrenta la casa del rey Nabucodonosor; porque ahí teneis á Holofernes tendido en tierra y sin cabeza.
17Al oir esto los gefes del ejército de los asirios, todos rasgaron sus vestidos, y se apoderó de ellos un escesivo temor y temblor, y una grandísima perturbacion de ánimo.
18Y movióse luego una gritería espantosa por todo el campamento.
