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Foto: Parque nacional de Kemeri · Letonia

Judit 7

Parque nacional de Kemeri · Letonia · Foto: Gatis Pāvils · Public domain

1Al dia siguiente Holofernes mandó á sus tropas que avanzasen contra Bethulia.

2Componian un ejército de ciento y veinte mil soldados de infanteria, y veinte y dos mil de caballería, sin contar los que habia hecho alistar de entre los cautivos, y toda la juventud que se habia llevado por fuerza de las provincias y ciudades.

3Todos á un tiempo se pusieron á punto de pelear contra los israelitas, y avanzaron por la ladera del monte hasta la altura que domina sobre Dothain, desde el lugar llamado Belma hasta Quelmon, situado en frente de Esdrelon.

4Mas los hijos de Israel viendo aquel inmenso gentio, postráronse en tierra, echando ceniza sobre sus cabezas, rogando unánimes al Dios de Israel que mostrase su misericordia para con su pueblo;

5y tomando las armas, se apostaron en los parages por donde se entra en un sendero estrecho en medio de los montes; y los estaban guardando de dia y de noche.

6Holofernes por su parte, mientras andaba registrando los alrededores, observó que la fuente que corria dentro de la ciudad venia por un acueducto que tenian fuera hácia el Mediodia, y asi mandó cortarle.

7Quedaban no obstante á poca distancia de los muros, algunos pequeños manantiales, de donde se veia que iban á sacar á escondidas un poco de agua, mas para aliviar la sed que para apagarla.

8Pero los ammonitas y los moabitas fueron y dijeron á Holofernes: Los hijos de Israel no ponen su confianza en sus lanzas ni en sus flechas, sino que su defensa y fortificaciones son los montes y los collados escarpados.

9Para que puedas pues vencerlos sin venir á las manos, pon guardias en los manantiales, á fin de que no cojan agua de ellos, y asi los matarás sin sacar la espada, ó á lo menos apurados de la sed, entregarán su ciudad, que por estar situada en los montes, creen inespugnable.

10Estas razones parecieron bien á Holofernes y á sus oficiales; por lo que apostó cien hombres de guardia al rededor de cada manantial.

11Y despues de veinte dias que se hacia esta guardia, llegaron á agotarse todas las cisternas y depósitos de agua de todos los habitantes de Bethulia, de manera que no tenian dentro de la ciudad ni agua bastante para saciar la sed un solo dia, por lo que diariamente se repartia á los vecinos el agua por medida.

12Entónces acudiendo todos de tropel á Ozias, hombres y mugeres, jóvenes y niños, todos á una voz,

13dijeron: Sea Dios el juez entre tí y nosotros; pues tú eres el causador de estos males, por no querer tratar de paz con los asirios, y por eso Dios nos ha abandonado en sus manos:

14y por lo mismo no hay quien nos socorra en esta ocasion en que nos hallamos abatidos á vista de ellos por la sed, y por una suma miseria.

15Ahora pues convocad á todos los que se hallan en la ciudad, y entreguémonos todos voluntariamente al ejército de Holofernes;

16porque mas vale vivir cautivos y bendecir al Señor, que morir y ser el óprobio de todo el mundo, despues de haber visto espirar á nuestros ojos nuestras esposas y nuestros niños.

17Os requerimos hoy, poniendo por testigos al cielo y la tierra, y al Dios de nuestros padres, el cual nos castiga conforme á nuestros pecados, para que entregueis luego la ciudad en poder del ejército de Holofernes, y acábese en breve al filo de la espada nuestro penar, que se prolonga mas y mas con el ardor de la sed.

18Asi que dijeron esto, prorumpió todo el concurso en grandes llantos y alaridos; y por espacio de muchas horas estuvieron clamando á Dios á una voz,

19y diciendo: Hemos pecado nosotros y nuestros padres: hemos sido malos, hemos cometido mil maldades.

20Tú, Señor, pues eres piadoso, ten misericordia de nosotros, ó á lo ménos castiga tú mismo nuestros delitos: mas no quieras abandonar en poder de un pueblo que no te conoce, á los que te honran y reconocen por su Dios;

21no sea que digan las naciones: ¿Dónde está el Dios de estos?

22Y despues que fatigados de tanto clamar y llorar, quedaron en silencio,

23levantándose Ozias bañado en lágrimas, dijo: Tened buen ánimo, hermanos mios, y esperemos aun durante cinco dias la misericordia del Señor:

24que quizá aplacará su enojo, y hará brillar la gloria de su santo Nombre.

25Mas si pasados los cinco dias no viene ningun socorro, harémos lo que habeis dicho.

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