Oraciones de «Salud y enfermos», basadas en la Biblia, para leer o escuchar.
Sanidad para mi cuerpo
Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo: porque tú eres mi alabanza.
Dios que sanas, hoy vengo a ti con mi cuerpo cansado y con esta enfermedad que no me deja en paz. Tú me conoces por dentro y por fuera, y nada de lo que siento te es ajeno. Como el profeta, te digo: sáname, y seré sano. Te pido que restaures mi salud, si es tu voluntad. Bendice los tratamientos que recibo y dame paciencia para seguirlos con constancia. Mientras espero, sostén mi ánimo y no permitas que el miedo me robe la esperanza. Pase lo que pase, quiero seguir alabándote, porque tú eres mi Dios. En el nombre de Jesús. Amén.
Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor: mullirás toda su cama en su enfermedad.
Padre de misericordias, pongo delante de ti a esta persona que amo y que hoy está enferma. Me duele verla sufrir y a veces no sé cómo ayudarla. Tú prometes sostener al que está en el lecho del dolor; sostenla tú ahora, cuando sus fuerzas son pocas. Alivia su dolor, calma sus noches y dale descanso. Si es tu voluntad, devuélvele la salud. Guía a quienes la atienden y da sabiduría a cada médico. Y a mí, enséñame a acompañarla con paciencia, con palabras buenas y con un amor que no se canse. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
Mas yo en ti confié, oh Jehová: yo dije: Dios mío eres tú. En tu mano están mis tiempos: líbrame de la mano de mis enemigos, y de mis perseguidores.
Dios mío, mañana entro en la sala de operaciones y mi corazón late con fuerza. Tengo miedo de lo que no puedo controlar, pero hoy decido repetir con el salmista: en tu mano están mis tiempos. Pongo en tus manos mi cuerpo, mi vida y a las personas que me esperan. Da firmeza y claridad a los cirujanos, a los anestesistas y a todo el equipo. Que cada decisión sea acertada. Calma mi respiración mientras espero y dame un sueño tranquilo esta noche. Cuando despierte, que lo primero que sienta sea tu paz. Pase lo que pase, sé que tú estarás conmigo. En el nombre de Jesús. Amén.
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo.
Señor Jesús, esta enfermedad me acompaña desde hace mucho tiempo y a veces me quedo sin fuerzas para seguir luchando. Hay días buenos y días muy difíciles, y tú conoces cada uno. Te confieso que muchas veces te he pedido que me la quites, y sigo pidiéndotelo. Pero también te pido lo que le diste a Pablo: tu gracia suficiente para cada día. Que tu poder se muestre en mi debilidad. Ayúdame a no medir mi valor por lo que puedo hacer. Dame paciencia con mi cuerpo, ánimo cuando el dolor vuelva y personas que me comprendan. Haz que, aun así, pueda vivir con sentido y con gozo. Por Jesucristo, mi Señor. Amén.
Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia; Y llegándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él.
Padre bueno, te doy gracias por las personas que dedican su vida a cuidar a otros. Como aquel samaritano que se detuvo, vendó las heridas y cuidó del herido, hay médicos, enfermeras y cuidadores que se acercan cada día al dolor ajeno. Bendícelos. Dales sabiduría para decidir bien, manos firmes y un corazón compasivo. Cuando estén cansados, renueva sus fuerzas. Cuando vean un sufrimiento difícil de olvidar, guarda su mente y dales descanso. Protege también a quienes cuidan en casa a un familiar sin que nadie lo note. Que nunca les falten ayuda ni reconocimiento. En el nombre de Jesús. Amén.
No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Dios eterno, esta habitación de hospital es fría y extraña para mí. Oigo máquinas, pasos y voces, y me cuesta descansar. Echo de menos mi casa y a los míos. En medio de todo esto me recuerdas que no tema, porque tú estás conmigo. Gracias porque no tengo que fingir fortaleza; tú eres quien me sostiene. Acompáñame en cada prueba, en cada espera de resultados y en cada noche larga. Da paciencia y bondad a quienes me atienden, y ayúdame a ser amable con ellos. Si hay otros enfermos cerca, consuélalos también. Y concédeme un poco de sueño y de paz. En el nombre de Jesús. Amén.