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Foto: Río Y.S. · Jamaica

2 Macabeos 7

Río Y.S. · Jamaica · Foto: Ufos8mycow00 · CC BY-SA 3.0

1A mas de lo referido aconteció que fueron presos siete hermanos juntamente con su madre; y quiso el Rey, á fuerza de azotes y tormentos con nervios de toro obligarlos á comer carne de cerdo, contra lo prohibido por la Ley.

2Mas el uno de ellos, que era el primogénito, dijo: ¿Qué es lo que tú pretendes, ó quieres saber de nosotros? Aparejados estamos á morir ántes que quebrantar las leyes pátrias que Dios nos ha dado.

3Encendióse el Rey en cólera, y mandó que se pusiesen sobre el fuego sartenes y calderas de bronce: asi que estuvieron hechas ascua,

4ordenó que se cortase la lengua al que habia hablado el primero, que se le arrancase la piel de la cabeza, y que se le cortasen las estremidades de las manos y pies, todo á presencia de sus hermanos y de su madre.

5Y estando ya asi del todo inutilizado, mandó traer fuego, y que le tostasen en la sarten hasta que espirase. Mientras que sufria en ella este largo tormento, los demas hermanos con la madre se alentaban mútuamente á morir con valor,

6diciendo: El Señor Dios verá la verdad, y se apiadará de nosotros, como lo declaró Moises cuando protestó en su cántico, diciendo: Será misericordioso con sus siervos.

7Muerto que fué de este modo el primero, conducian al segundo para atormentarle con escarnio; y habiéndole arrancado la piel de la cabeza con todos los cabellos, le preguntaban si comeria ántes que ser atormentado en cada miembro de su cuerpo.

8Pero él respondiendo en la lengua de su patria, dijo: No haré tal. Asi pues sufrió tambien este los mismos tormentos que el primero;

9y cuando estaba ya para espirar, dijo: Tú, ó perversisimo Príncipe, nos quitas la vida presente; pero el Rey del Universo nos resucitará algun dia para la vida eterna, por haber muerto en defensa de sus Leyes.

10Despues de éste, vino al tormento el tercero; el cual asi que le pidieron la lengua, la sacó al instante, y estendió sus manos con valor,

11diciendo con grande confianza: Del cielo he recibido estos miembros del cuerpo: mas ahora los desprecio por amor de las Leyes de Dios; y espero que los he de volver á recibir de su misma mano.

12Dijo esto de modo que asi el Rey, como su comitiva, quedaron maravillados del espiritu de este jóven, que ningun caso hacia de los tormentos.

13Muerto tambien éste, atormentaron de la misma manera al cuarto:

14el cual, estando ya para morir, habló del modo siguiente: Es gran ventaja para nosotros perder la vida á manos de los hombres; por la firme esperanza que tenemos en Dios de que nos la volverá, haciéndonos resucitar: pero tu resurreccion, ó Antíoco, no será para la vida.

15Habiendo cogido al quinto, le martirizaban igualmente; pero él, clavando sus ojos en el Rey, le dijo:

16Teniendo, como tienes, poder entre los hombres, aunque eres mortal como ellos, haces tú lo que quieres: mas no imagines por eso que Dios ha desamparado á nuestra nacion:

17aguarda tan solamente un poco, y verás la grandeza de su poder, y como te atormentará á tí y á tu linage.

18Despues de éste, fué conducido al suplicio el sesto; y estando ya para espirar, dijo: No quieras engañarte vanamente; pues si nosotros padecemos estos tormentos, es porque los hemos merecido, habiendo pecado contra nuestro Dios; y por esto esperimentamos cosas tan terribles:

19mas no pienses tú quedar impune despues de haber osado combatir contra Dios.

20Entretanto la madre, sobremanera admirable, y digna de vivir eternamente en la memoria de los buenos, viendo perecer en un solo dia sus siete hijos, lo sobrellevaba con ánimo constante por la esperanza que tenia en Dios.

21Llena de sabiduría, exhortaba con valor, en su lengua nativa, á cada uno de ellos en particular; y juntando un ánimo varonil á la ternura de muger,

22les decia: Yo no sé como fuisteis formados en mi seno: porque ni yo os dí el alma, el espíritu y la vida, ni fui tampoco la que coordiné los miembros de cada uno de vosotros;

23sino el Criador del Universo, que es el que formó al hombre en su orígen, y el que dió principio á todas las cosas; y él mismo os volverá por su misericordia el espíritu y la vida, puesto que ahora por amor de sus Leyes no haceis aprecio de vosotros mismos.

24Antioco pues considerándose burlado, y creyendo que aquellas voces de los mártires eran un insulto suyo, como quedase todavia el mas pequeño de todos, comenzó no solo á persuadirle con palabras, sino á asegurarle tambien con juramento, que le haria rico y feliz si abandonaba las leyes de sus padres, y que le tendria por uno de sus amigos, y le daria cuanto necesitase.

25Pero como ninguna mella hiciesen en el jóven semejantes promesas, llamó el Rey á la madre, y la aconsejaba que inspirase á su hijo mejores sentimientos;

26y despues de haberla exhortado con muchas razones, ella le prometió que en efecto persuadiria á su hijo lo que le convenia.

27A cuyo fin, habiéndose inclinado á él para hablarle, burlando los deseos del cruel Tirano, le dijo en lengua patria: Hijo mio, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en mis entrañas, que te alimenté por espacio de tres años con la leche de mis pechos, y te he criado y conducido hasta la edad en que te hallas.

28Ruégote, hijo mio, que mires al cielo y á la tierra, y á todas las cosas que en ellos se contienen; y que entiendas bien que Dios las ha criado á todas de la nada, como igualmente al linage humano.

29De este modo no temerás á este verdugo; ántes bien haciéndote digno de participar de la suerte de tus hermanos, abrazarás gustoso la muerte, para que asi en el tiempo de la misericordia te recobre yo en el cielo, junto con tus hermanos.

30Aun no habia acabado de hablar esto, cuando el jóven dijo: ¿Qué es lo que esperais? Yo no obedezco al mandato del Rey, sino al precepto de la Ley que nos fué dada por Moisés.

31Mas tú que eres el autor de todos los males de los hebréos, ten entendido que no evitarás el castigo de Dios.

32Porque nosotros padecemos esto por nuestros pecados;

33y si el Señor, nuestro Dios, se ha irritado por un breve tiempo contra nosotros, á fin de corregirnos y enmendarnos, él empero volverá á reconciliarse otra vez con sus siervos.

34Pero tú, ó malvado y el mas abominable de todos los hombres, no te lisonjees inútilmente con vanas esperanzas, inflamado en cólera contra los siervos de Dios;

35pues aun no has escapado del juicio del Dios Todopoderoso, que lo está viendo todo.

36Mis hermanos por haber padecido ahora un dolor pasagero, se hallan ya gozando de la alianza de la vida eterna: mas tú por justo juicio de Dios sufrirás los castigos debidos á tu soberbia.

37Por lo que á mí toca, hago como mis hermanos el sacrificio de mi cuerpo y de mi vida en defensa de las leyes de mis padres, rogando á Dios que cuánto ántes se muestre propicio á nuestra nacion, y que te obligue á tí á fuerza de tormentos y de castigos á confesar que él es el solo Dios.

38Mas la ira del Todopoderoso, que justamente descarga sobre nuestra nacion, tendrá fin en la muerte mia y de mis hermanos.

39Entónces el Rey, ardiendo en cólera, descargó su furor sobre este con mas crueldad que sobre todos los otros, sintiendo á par de muerte verse burlado.

40Murió pues tambien este jóven, sin contaminarse, y con una entera confianza en el Señor.

41Finalmente despues de los hijos fué tambien muerta la madre.

42Pero bastante se ha hablado ya de los sacrificios profanos, y de las horribles crueldades de Antíoco.

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