Banquete
Convite · Festín · Banquet
Easton, 1897
Una fiesta ofrecida para el agasajo de un grupo de invitados (Ester 5; Ester 7; 1 Pedro 4:3); como el que sus amigos ofrecieron a nuestro Señor en Betania (Mateo 26:6; Marcos 14:3; comp. Juan 12:2). En los días de Cristo estas comidas se llamaban habitualmente «cenas», según la costumbre de los romanos, y se tomaban hacia el final del día. Era costumbre enviar una segunda invitación (Mateo 22:3; Lucas 14:17) a los que ya habían sido invitados. Cuando toda la compañía estaba reunida, el dueño de la casa cerraba la puerta con su propia mano (Lucas 13:25; Mateo 25:10).
Primero se refrescaba a los invitados con agua y aceite perfumado (Lucas 7:38; Marcos 7:4). Una costumbre menos frecuente era proveer a cada invitado de un manto que se llevaba durante la fiesta (Eclesiastés 9:8; Apocalipsis 3:4, Apocalipsis 3:5; Mateo 22:11). En los banquetes privados presidía el dueño de la casa; pero en las ocasiones públicas se elegía un «maestresala» (Juan 2:8). Los invitados eran colocados por orden según su edad (Génesis 43:33), o según el rango que tuvieran (Proverbios 25:6, Proverbios 25:7; Mateo 23:6; Lucas 14:7).
Como las cucharas, los cuchillos y los tenedores son un invento moderno y eran del todo desconocidos en Oriente, necesariamente se usaban solo las manos, que se metían en el plato, común a dos de los invitados (Juan 13:26). En los días de nuestro Señor los invitados se reclinaban a la mesa; pero los antiguos israelitas se sentaban en torno a mesas bajas, con las piernas cruzadas, como los orientales modernos. Los invitados eran especialmente honrados cuando se les servían porciones extra (Génesis 43:34) y cuando su copa se llenaba de vino hasta rebosar (Salmos 23:5). Las manos de los invitados solían limpiarse frotándolas con pan, cuyas migajas caían al suelo y eran la porción de los perros (Mateo 15:27; Lucas 16:21).
En el tiempo de las tres fiestas anuales en Jerusalén eran comunes los banquetes familiares. A ellos eran bienvenidos «la viuda, el huérfano y el extranjero» (Deuteronomio 16:11). Los sacrificios incluían también un banquete (Éxodo 34:15; Jueces 16:23). Se mencionan banquetes de cumpleaños (Génesis 40:20; Mateo 14:6). A veces se prolongaban y se acompañaban de jolgorio y exceso (Génesis 21:8; Génesis 29:22; 1 Samuel 25:2, 1 Samuel 25:36; 2 Samuel 13:23). A veces se enviaban porciones de la mesa a amigos más pobres (Nehemías 8:10; Ester 9:19, Ester 9:22). (Véase Comidas.)
Torres Amat, 1823
Entre los hebréos y otros muchos pueblos se celebraban de noche: y asi su principal comida se llamaba cena; y cenáculo ó cenador, la pieza destinada para eso, que en los banquetes estaba muy iluminada y adornada. Los orientales no comen sentados, sino recostados en unos lechos ó tarimas; y de aqui la espresion recumbere. Jesu-Cristo condenó los convites suntuosos que los ricos se dan unos á otros con miras de vanidad, de lujo etc., y quiere que las riquezas se empleen en socorrer á los pobres, Lucas 14:16; pero no los convites sobrios y modestos que suelen darse los parientes y amigos con la mira de conservar la buena union entre las familias. Los cristianos solian juntarse al principio á comer juntos, participando los pobres de los manjares de los ricos: convites que se llamaban ágapes, voz griega que significa amor ó caridad. 1 Corintios 11:21. Solian celebrarle despues de la comunion del pan eucarístico. Jesu-Cristo nos enseñó con la parábola del convite, el efecto ordinario de una accion de humildad, que es el atraerse el honor; al paso que la soberbia y presuncion acarrean la confusion y desprecio. Lucas 14. Proverbios 25:7. El reino de los cielos suele compararse en la Escritura á un convite ó cena espléndida. Lucas 14. Apocalipsis 19:8, Apocalipsis 19:17 etc. V. Caliz, Cenáculo. Tinieblas.
Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).