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Santa Biblia
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Escritura

Escrituras · Scripture

Easton, 1897

Designa invariablemente en el Nuevo Testamento esa colección definida de libros sagrados, considerados como dados por inspiración de Dios, que solemos llamar el Antiguo Testamento (2 Timoteo 3:15, 2 Timoteo 3:16; Juan 20:9; Gálatas 3:22; 2 Pedro 1:20). Fue propósito de Dios perpetuar así su voluntad revelada. De tiempo en tiempo levantó hombres para poner por escrito, en un registro infalible, la revelación que él daba. La «Escritura», o colección de escritos sagrados, fue así ampliándose de tiempo en tiempo según Dios lo creyó necesario. Tenemos ahora una «Escritura» completa, que consta del Antiguo y del Nuevo Testamento. El canon del Antiguo Testamento en tiempo de nuestro Señor era exactamente el mismo que poseemos ahora con ese nombre. Él puso el sello de su propia autoridad sobre esta colección de escritos, como dados todos por igual por inspiración (Mateo 5:17; Mateo 7:12; Mateo 22:40; Lucas 16:29, Lucas 16:31). (Véase Biblia; Canon.)

Torres Amat, 1823

Nombre que por antonomasia se da á los escritos ó libros sagrados del antiguo y del nuevo Testamento; á los cuales, por la misma figura, llamamos tambien Biblia, voz griega que significa volúmenes ó libros. Un cristiano no necesita mas prueba de la autenticidad ó autoridad Divina de los libros de la Escritura, que el unánime y constante juicio que de ellos ha formado la Iglesia universal, á la cual los entregaron (por decirlo asi) Jesu-Cristo y sus Apóstoles, como títulos de nuestra fe, ó creencia racional. En las profecías y sentencias de la Escritura se apoyaron siempre los Apóstoles y propagadores del Evangelio. 2 Pedro 1:20-21. Todos los Padres y Espositores sagrados convienen en que el Divino Espíritu, autor de los libros sagrados, se acomodó al genio, caracter y estilo de aquellos hombres que tomó por instrumentos para comunicarnos sus oráculos, y darnos á entender su voluntad Divina. El Espíritu Santo no hizo siempre con todos los escritores sagrados, lo que con Jeremias en el cap. XXXVIII. 18 (Jeremías 38:18), ó con S. Juan en el Apocalipsi, en que les decia las determinadas palabras que debian escribir; sino que las mas veces les dejó el trabajo y molestia de recoger, ordenar y compendiar lo que escribian, particularmente en lo perteneciente á los hechos históricos. Cuidó, sí, que no se apartasen de la verdad en lo que componian con sudor y vigilias para la santificacion de los lectores. De aqui tan grande diferencia en el estilo de los Profetas, entre el evangelio de S. Juan y el de los otros Evangelistas, y entre el de las epístolas de S. Pablo y el de los demas Apóstoles; siendo asi que la verdad que todos anunciaban era una misma, como dictada á cada uno de ellos por el mismo Divino Espíritu. Y de aquí el que los mismos sucesos se vean referidos con distintas palabras, ó con mayor ó menor estension por los mismos Evangelistas. Aun cuando refieren estos las palabras que dijo Jesu-Cristo, se ve que no atendian á lo material de ellas, sino á su sentido. Mirad las aves del cielo etc., decia Jesu-Cristo (Mateo 6); y en lugar de aves pone S. Lucas cuervos (Lucas 12). Lo mismo sucede en otros lugares del antiguo y nuevo Testamento. Supuesto todo esto, ya no es de admirar que el autor del libro 2.° de los Macabéos diga, por ejemplo, hablando del trabajo que habia empleado en formar el compendio de los cinco libros de Jason: que no se detuvo en examinar con escrúpulo las circunstancias y cosas mas menudas que refirió Jason de Cirene, para saber ó averiguar su exactitud; porque no dudaba de su verdad, como escritos por un hombre prudente, santo, diligente, y digno del mayor crédito. Solo atendió á formar un compendio de los cinco libros de Jason, dejando á éste la exacta diligencia de representar cada cosa por menor, como dice el testo griego. Asi se esplica el sabio traductor de la Biblia, el Ilustrísimo P. Scio en la nota al v. 22 del cap. 2.° del libro II. de los Macabeos (2 Macabeos 2:22). Es de advertir que en algunos lugares de la Escritura se citan libros sagrados, ó profecías que se han perdido; como por ejemplo la profecía de Enoc, de que habla S. Judas en su Epist. v. 7 (Judas 1:7). La division de los libros de la Escritura en capítulos con epígrafes, y especialmente con versos, es muy moderna. La del antiguo Testamento en versos no existia antes del siglo XIII, y la formacion de las Concordancias Bíblicas la hizo ya mas necesaria, á fin de hallar facilmente cualquier testo de la Escritura. Por esta causa si alguna vez para sacar el sentido verdadero de un pasage de la Escritura, es necesario reunir dos versos separados, ó dividir con una nueva puntuacion la cláusula de un mismo verso, es permitido hacerlo; como no se siga de esto un sentido contrario al que ya la Iglesia tiene reconocido por verdadero. La division en capítulos y versos no es efecto de alguna ley ó precepto de la Iglesia. Ni el concilio de Trento, al mandar que (entre las demas innumerables versiones latinas) solamente se reputase como auténtica, ó digna de fe, la Vulgata, no intentó dar autoridad sagrada á la puntuacion y arreglo de versos, ni prohibir que se mejorase alguna cosa en dicha version. En efecto, se han hecho despues algunas variaciones; como se ve en la edicion de la misma Vulgata por Sixto V y Clemente VIII; y las han hecho últimamente el P. Scio, Señor Martini etc. El fin del Santo Concilio fué únicamente asegurar á los fieles que en la Vulgata no habia ninguna falta ó error contrario á la fe y buenas costumbres. Tambien debe tenerse presente que no solamente en las versiones de la Escritura, sino tambien en los testos originales hebréo y griego, se han introducido despues de tantos siglos algunas inexactitudes ó erratas, por incuria de los copistas. Ya en tiempo de S. Gerónimo se notaba la de sic por si, en el cap. XXI. v. 22 del Evangelio de S. Juan (Juan 21:22). Muchos sabios creen que tambien falta la letra hebréa Mem en el verso 19 del cap. VI del Libro I de los Reyes (1 Samuel 6:19), que literalmente traducido del hebréo dice: sesenta y diez hombres, cincuenta mil hombres, lo cual no hace sentido. Y con solo suponer que falta la letra Mem antes de cincuenta (letra que entonces es una partícula hebréa que corresponde á la á, ex, ó de de los latinos) tenemos que el testo se traducirá diciendo, que Dios mató setenta hombres, de cincuenta mil. Los sabios Bochart, Le Clerc, y aun varios Rabinos, sin suponer equivocacion en este y otros testos, atribuyen á una elipsis propia de la lengua hebréa, la falta de esta y otras partículas que á veces se han creido erratas de los copistas. «Querer que el lenguage de la santa Escritura, dice el señor Carvajal (Nota al Salmo 86), tenga en todas partes la misma claridad y llaneza que el lenguage comun, es un delirio: especialmente cuando habla de ciertos misterios y cosas venideras, que el Espíritu Santo indicaba entonces no enteramente al descubierto, sino cuanto bastaba para que á su tiempo se entendiesen con toda claridad.» Y si estos pasages se han de referir á sucesos aun futuros, como á la venida de Jesu-Cristo en gloria y magestad, es ya menos de admirar que nos parezcan obscuros. Finalmente, al leer la Sagrada Escritura debe tenerse siempre presente aquella sentencia de S. Agustin, hablando de las aguas que hay sobre los cielos (lib. 2. sup. Gen. ad litt.): Mayor es la autoridad de esta Escritura, que toda la capacidad del género humano. No dudamos que haya aguas sobre el cielo; mas cómo son, ó cuáles sean, lo ignoramos. V. Vulgata, Cronología, Alegoria.

Diccionario: M. G. Easton (1897, dominio público), traducido al español; Notas generales de Torres Amat (1823, dominio público).