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Santa Biblia
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Oración

Ansiedad y miedo

Oraciones de «Ansiedad y miedo», basadas en la Biblia, para leer o escuchar.

En medio de la ansiedad

En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma.

Dios cercano, ahora mismo mi mente no se detiene. Los pensamientos se amontonan, el pecho se me aprieta y todo parece más grande de lo que es. No sé ni cómo orar, pero vengo a ti tal como estoy. Tú conoces la multitud de pensamientos que hay dentro de mí, y aun así no te alejas. Pon tu consuelo donde ahora hay agitación. Ayúdame a respirar despacio, a sentir el suelo bajo mis pies y a recordar que esto pasará. No me avergüenzo de sentirme así delante de ti. Si esto se repite, dame valor para pedir ayuda y hablar con alguien de confianza. En el nombre de Jesús. Amén.

Salmos 94:19

Cuando el pánico me invade

En el día que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra: en Dios he confiado, no temeré lo que la carne me hiciere.

Señor, mi refugio, el miedo me ha caído encima de golpe. Mi corazón va muy rápido y siento que pierdo el control. Te lo digo con palabras sencillas: en el día que temo, yo en ti confío. Repito esa frase despacio, una y otra vez. Tú estás aquí, aunque ahora no lo sienta. Al tomar aire, recibo tu cuidado. Al soltarlo, te entrego mi miedo. Sostenme hasta que esta ola pase. Recuérdame que esta sensación, aunque es muy fuerte, no durará para siempre. Y cuando me calme, dame sabiduría y valor para buscar la ayuda que necesito. En el nombre de Jesús. Amén.

Salmos 56:3-4

Miedo al mañana

Y Jehová es el que va delante de ti; él será contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas, ni te intimides.

Padre celestial, el futuro me da miedo. Pienso en el trabajo, en la salud, en mi familia, en todo lo que podría salir mal, y me adelanto a problemas que todavía no han llegado. Tu Palabra me dice que tú vas delante de mí, y que no me dejarás ni me desampararás. Ayúdame a vivir solo el día de hoy, de tu mano. Dame lo que necesito para estas horas. Lo que venga mañana también estará bajo tu cuidado. Enséñame a hacer con calma lo que me toca hoy y a dejar el resto en tus manos. Gracias porque tú ya estás en mi mañana. En el nombre de Jesús. Amén.

Deuteronomio 31:8

Preocupaciones que no se van

Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.

Dios fiel, hay preocupaciones que me acompañan desde que despierto hasta que me acuesto. Le doy vueltas a lo mismo una y otra vez, y me agoto. Hoy quiero hacer lo que tu Palabra me invita a hacer: echar sobre ti mi carga. Aquí te nombro lo que me inquieta, una cosa tras otra. Gracias porque me escuchas y te importa todo lo que me importa. Tú prometes sostenerme y no dejarme caído para siempre. Dame tu paz y guarda mi corazón y mis pensamientos. Y cuando la preocupación regrese, recuérdame volver a ti. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Salmos 55:22

Cuando no sé qué pasará

Aguarda á Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón: sí, espera á Jehová.

Señor de mi vida, estoy ante una situación en la que no sé qué va a pasar. Espero una respuesta, una decisión o un cambio, y la incertidumbre me pesa. Quisiera ver todo el camino, pero solo veo el siguiente paso. Tu Palabra me invita a esperar en ti, a esforzarme y a dejar que mi corazón tome aliento. Ayúdame a vivir así este momento confuso, aunque hoy el camino me parezca torcido. Dame paciencia, claridad para decidir cuando llegue el momento y personas sabias que me aconsejen. Descanso en que tú sí sabes lo que viene. Por Jesucristo, mi Señor. Amén.

Salmos 27:14

Una tristeza muy profunda

Y echándose debajo del enebro, quedóse dormido: y he aquí luego un ángel que le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí á su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y un vaso de agua: y comió y bebió, y volvióse á dormir. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, tocóle, diciendo: Levántate, come: porque gran camino te resta.

Padre compasivo, siento una tristeza tan honda que a veces no tengo fuerzas ni para levantarme. Todo me cuesta y no encuentro alegría en lo que antes me gustaba. Gracias porque no me rechazas por sentirme así. Cuando Elías se derrumbó en el desierto, tú no lo regañaste: lo dejaste dormir, le diste pan y agua, y enviaste a quien lo despertara con ternura. Cuida así de mí. Ayúdame a dar pequeños pasos: comer, descansar, salir un poco a la luz. Dame valor para contarle a alguien lo que me pasa y para buscar ayuda profesional si la necesito. No me sueltes en este camino largo. En el nombre de Jesús. Amén.

1 Reyes 19:5-7